<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424</id><updated>2011-07-28T19:43:48.419+01:00</updated><title type='text'>Viaje en paracaídas</title><subtitle type='html'>sólo un registro de mis pasos por esta isla...</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>12</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-6211659971289403969</id><published>2010-04-06T14:56:00.002+01:00</published><updated>2010-04-06T15:10:51.875+01:00</updated><title type='text'>Notas de hibernación</title><content type='html'>Ha pasado el invierno. Bueno, en Londres es un decir, una convención. Los días siguen fríos, no ha parado de llover y aunque está oscureciendo cada vez más tarde, se ha generado una necesidad que no había experimentado antes. Y me pregunto, por qué ni los Tudor o algún otro monarca ofrecieron su reino por un poco de luz y calor. En mis mejores días pienso que hay dos posibilidades de apreciar este clima. Desde la impotencia de tener permanentemente días nublados y fríos, o desde la esperanza de recibir, cuando algo o alguien esté de ánimo, un momento de calor de un sol bastante tímido pero tan necesario al fin y al cabo. Qué básico puede llegar a ser nuestra necesidad. Qué atávica se vuelve la satisfacción ante la escasez. Hoy siento que hay cosas, como un rayo de sol en la cara, que puede hacerme el hombre más feliz de este mundo, y de otros también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace mucho que no escribo en este lugar. He tomado sin embargo y como siempre, mis notas y uno que otro verso que se anima a nacer de vez en cuando. Por otro lado, tengo una lista de actividades que narrar: Mis paseos a los mercaditos del “otro London” como les llamo: Portobello market en Notting Hill, Borough market o Camden Lock. Mis cafecitos o cenas con Carmen y Max (entre ellas una vez con su adorable prima, otra con amigos de Francia, etc.) o las saliditas conversadas que tuvimos con Max cuando Carmen estaba en Chile. Las cenas iraní o etíope (por nombrar algunas) en restaurantes “baratos” que encuentro en mi guía Time out. La cena de navidad con la sociedad de hiking en un restaurante indio, con un cierre de jornada en un club donde Ryan, el líder circunspecto y correcto, terminó bailando breakdance y una mezcla de Michael Jackson y Juan Antonio Labra al centro de un ronda que le hicimos entre varios. La cena de navidad con los becarios chilenos y el juego del amigo secreto. Haber conocido en esa ocasión a Yasna con quien hemos ido construyendo una amistad tan necesaria como enriquecedora. Mis visitas al Tate Modern y mis tardes enteras en mi sala preferida con los surrealistas: the dream and the poetry. Salir del Tate a la hora más bella del día y ver el crepúsculo sobre el domo de la catedral de Saint Paul. Perder el vuelo a Belfast y la cena de año nuevo con mis amigos, y sentirse el idiota más grande que pisa la tierra y otras vaguedades. Mirar los fuegos artificiales del London Eye, de pie por horas en el Embankment a la orilla del Thames. Mis idas y fantasías en el gym, mis clases de yoga y las sesiones desabridas de biodanza. La complicidad de compañeros de clase, algunos chilenos, otros del mundo, organizándose mejor cuando se trata de las salidas al Mestizo u otro boliche de baile y jarana. Mi amistad con Emiliano y el esfuerzo de romper con los patrones de la amistad con otros hombres. Mi amistad con Louise, una inglesa de libro, de Liverpool, arquitecta, amiga de Vinay y que ha sido una buena compañera de viaje. Mis paseos por el día a las ciudades de Bath, Canterbury y Oxford, con Emiliano mi amigo mexicano y con Fabiola mi amiga peruana asentada en Chile desde hace mucho tiempo. Algunas fiestas en casa de Mauricio y Ozlem, o de Gaia donde fui DJ con sólo música de los ‘70. Mi lenta inserción en las fiestas con mis demasiado-jóvenes compañeros de Masters. Mi amistad con Laurita. Mis salidas (y entrada) con mis compañeras de italiano. Mis cafés frustrados con cualquier chica: todas piensan a priori que se trata de un date (cita).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También podría escribir sobre todo lo que me sucede cuando ando por las calles de Londres. Mirar a la gente todo el tiempo, cuando toman un bus y ríen nerviosos, ¿por qué la gente ríe cuando se suben a un bus en grupo? Sacarse los audífonos del Ipod y escuchar, aunque en tube (metro) eso es imposible. Nunca imaginé un lugar tan repleto de personas y que todas vayan en el más sepulcral de los silencios, todos leen, lo que sea, todos escuchan música o alguna cosa que los aísle. Ya no me llama tanto la atención la diversidad étnica como este metro inmutable… bueno, sí hay algo, pero eso ya se sabe, la más extraordinaria diversidad de belleza disponible. Y recuerdo a mi amigo Rivas y su sabia frase sobre la conveniencia de enamorarse de una mujer bella de cara más que de cuerpo. Y recuerdo el libro que tenemos pendiente con Johnny sobre la categorización de culos. Y recuerdo que estoy ahí en medio, que no es una película, y retorno a la más bien estática (que dinámica) del underground.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esta vez no escribiré una crónica de cada uno de los hechos que he experimentado en esta hibernación de invierno londinense. Sólo transcribiré mis notas y algunos párrafos de conversaciones con amigos (pido excusas por el abuso de confianza). Había decidido no escribir más prosa, inclusive esta anti-bitácora, porque nunca ha aspirado a serlo pero por sobre todo porque de una u otra forma me obliga y me aprieta en mi escritura. Pero finalmente aquí estoy, compartiendo lo que me ha sucedido en ciertos instantes de los cuales circunstancialmente dejé registro. Hay otros momentos, como suspiros, que sólo se quedan perdidos en mi espacio vital, invisibles, y que de a poco son arrastrados a la desmemoria por el viento como el agua, inexorablemente pero con un destino inmenso como mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querida, son las 4:13pm y el sol ya se puso hace más de 20 minutos. Queda sólo la luz proyectada en la esfera celeste de un sol que ya se fue hacia otras latitudes. No está nevado, porque anteayer llovió y se llevó la nieve acumulada, sin embargo, pese al frío, está muy agradable. Hay una claridad muy apropiada para los días que se celebran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí todos festejan el 25 (no el 24 en la noche) por lo que hoy la gente no está en las calles, tampoco hay transporte público. Todo está en silencio, todo está en paz. Mis housemates están con sus familias en sus respectivos pueblos. Yo estoy solo, pero me siento en una extraña situación, como si fuera un espectador de lo que sucede allá afuera, o allá adentro de esos hogares, de esos corazones que se abren y se acompasan colectivamente en un tono de bondad y felicidad. Todos hacen fuerza por sentirse mejor, al menos en un día como hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo la pasé con gente desconocida pero amables, probablemente algunos de ellos serán mis amigos más adelante, quién sabe. Cenamos y conversamos trivialidades unas más interesantes que otras. Finalmente los invitados tuvieron que marcharse antes de las 12 ya que el transporte público dejaba de funcionar por ser un feriado respetado por todos. Así que estuve solo a las 12, o conmigo, pero mirando fotos de mi familia, amigos y de mí mismo. Me gustan mis fotos. Hay tanto por ver en ellas. Son pequeños retratos de Dorian Gray donde puedo detectar las marcas del que era en los días que fui retratado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es increíble como la Navidad puede -porque no es siempre- generar un espíritu colectivo de reencuentro, apertura y bondad. Cada vez aprecio más esa posibilidad. Cada uno en consecuencia es capaz de conectarse en esa vibración ¿Por qué es tan difícil entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo deseo que la felicidad llegue natural y leve, que se deposite sutilmente sobre la gente que amo como una pluma aterrizando desde un cielo más alto que el conocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustan estos ritos. Me gusta que los niños -y los adultos también-disfruten la Navidad con el ansia que todo niño merece vivirla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé muy bien como estoy amigo mío. Yo creo que estoy bien porque estoy en un estado de permanente expectación y asombrándome a diario de las diversas cosas que van sucediendo, adentro y afuera. Me gusta estar en esta situación de aprendizaje. De estudiante, en lo formal, pero mucho más de aprendiz, desde lo profundo. Yo también he cambiado mucho, y una de las características que quizás mejor lo expresa es la capacidad de aceptar esta nueva persona, tallada de manera irreversible. Aprender a decir ¿por qué no? Y vérselas con las preguntas que vienen como olas. ¿Y por qué no quedarme más tiempo? ¿Y por qué no estudiar literatura? ¿Y por qué no renunciar a la "carrera" y estudiar lo que me produce placer desde que tenía uso de emoción? He redescubierto la filosofía y me tiene atrapado, desde la ética que como desasosiego esencial se me aparece como urgencia para mí y el mundo que quiero construir. O la propia literatura ya mencionada con su particular manera de decir todo lo necesario para vivir. Y de verdad querido, así como extraño muchas cosas de Chile o de mi vida por allá, hay un sinnúmero de cosas que aquí me apasionan y que he descubierto o reencontrado que me seducen fuertemente. De Chile extraño la cotidianeidad de mis días plácidos. Las conversaciones, las comidas, los cafés con amigos. También mis lugares, mis cielos, mis calles, mis rutas, y digo "mis" no desde la posesión sino desde la tremenda pertenencia que siento hacia ciertas cosas, que van más allá de Chile, o de la familia, que es lo que normalmente extraña el resto de la gente. Me he entregado al destino y su sabiduría. No sé bien entonces qué viene para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedo reflexionando sobre la conciencia de ese cambio, y que estoy seguro, en algunos casos, no soporta el estadio antiguo. Intuyo que lo complejo de cambiar y de asumir ese cambio no sólo radica en nuestra propia aceptación sino también en el nuevo trato que se debe hacer con nuestro pasado y presente, y que involucra gente, dinámicas, costumbres, ritos. Mi aproximación es que no cuesta tanto desligarse de aquellos escenarios donde ya no nos sentimos cómodos y el costo emocional es bajo o nulo. Pero, por el otro lado, en aquellos otros que sí hay costo, la amalgama frente a ellos es el verdadero amor que allí yace (sino -creo- no sentiríamos ese eventual costo). Es una posibilidad. Las relaciones también deben madurar. El relacionarse con los amigos, por ejemplo, no puede ser sobre la base de cómo lo hacíamos en el colegio, en la universidad, o en una época determinada. Creo que siempre es el resultado del compromiso como base de aquella relación y que permite flexibilizarnos, escucharnos, adaptarnos y aceptarnos en nuestra evolución. A veces uno podría pensar que el no compartir lugares comunes tiende a separarnos pero creo que desde el pacto de amistad sincero y valiente -una vez más- surge la posibilidad de aprovechar aquellos espacios que sí compartimos, aunque sean pocos. Incluso puede no haber espacio, pero la amistad verdadera no tiene tiempo y permanecerá viva pese a la distancia física, de credos, de actividades, o lo que sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, eso es lo que quiero. Si alguna vez soy reconocido, sólo me gustaría que fuera como poeta. El resto es bienvenido pero no es esencial, ni siquiera importante. No sé si quiero volver a Chile, me refiero a vivir todo el tiempo allí, a veces me gustaría y otras no. En este momento no lo sé. Y sobre la gente, menos lo sé. Me aburren, no tengo paciencia. Alguien medio en broma una vez me dijo que yo era como en el despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo. Creo que es cierto. Hoy más que nunca me he enamorado profundamente de la discusión ética, esa que se basa esencialmente en el status moral de los seres, pero basta que esté más de una temporada en un grupo humano para aburrirme. Eso no lo termino por entender. Por otra parte, ya no me interesa tener un cargo, una posición exitosa, ni siquiera el dulce reconocimiento de hacer bien las cosas en el trabajo. Hasta ese punto ha llegado mi desprendimiento. Primero fue desafectarse del poder, lo he tenido y he podido aspirar a mucho más; y hoy veo el triste espectáculo de como amigos, pares y conocidos muestran sus miserias en épocas difíciles para Chile y su futuro. Nadie quiere perder influencia, menos sus trabajos, y a mí no sólo me interesa nada la posición por la cual textualmente algunos están dispuestos a matar, sino además cualquier cargo que pueda imaginar me hace bostezar instantáneamente. Si viniera alguien y me dijera: te pago la misma –escuálida- beca que hoy tengo para que te dediques a estudiar, leer y escribir. Firmo inmediatamente. Hasta renunciaría a la vida cómoda que tenía en Chile y que muchas veces extraño desde mi vida sencilla aquí en Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Murió la madre de mi amigo&lt;br /&gt;Y aunque tengo la certeza&lt;br /&gt;- esa que el dolor enseña -&lt;br /&gt;que no sé bien de lo que hablo&lt;br /&gt;también lloro su partida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no sentirla si compartimos la misma piel, desde aquel tiempo, cuando éramos niños, sin mucha conciencia de sí mismo, hasta que un día decidimos entrelazar vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Créeme que tu herida&lt;br /&gt;a mí también me duele!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese tan parecido a mi compañero de clase y otras lecciones, cuando éramos hermosos, cantábamos a dos voces la paradojal canción para mi muerte, en la banda de vida, los Lyner.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo un dolor –creo que sí-&lt;br /&gt;de aquellos que se es cierto sufrir&lt;br /&gt;que no sé bien que es lo que duele&lt;br /&gt;pero mi llanto es inespecífico&lt;br /&gt;expía mis tristezas acumuladas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era tan simple vivir la eterna vida. Para reunirse bastaba acordar la mitad del camino. No importaba ese desierto abismal entre nuestras casas. Ese terreno baldío que ahora es una multitienda y un condominio completamente amurallado. En esos días, el calor aplastante del verano, lo volvíamos verde y fresco de risas, de canciones e historias que contar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y miro el teléfono, el correo, miro lejos. Tengo un miedo profundo. A nada ni nadie que me asesine, no, no es mucho lo que pierdo muriendo. Tengo miedo a lo que duele en vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dónde está mi victoria? Me gustaría preguntarle a Floridor. La recompensa allá fuera de este calabozo. Cómo sabía él de ella y de su espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Murió la madre de mi amigo&lt;br /&gt;Y aunque tengo la certeza&lt;br /&gt;- esa que se conoce con el dolor -&lt;br /&gt;Que no sé bien de lo que hablo&lt;br /&gt;También lloro a mi madre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He cumplido el nivel básico de un curso de italiano. El francés ha quedado pospuesto para más adelante. Disfruto mucho más el italiano, por ahora, y aunque mucho menos de lo que yo pensaba, se me ha hecho un poco más sencillo como hispanohablante. Y aunque hubo opiniones, de esos hombres razonables que tienen el mundo como está, que debiera seguir estudiando inglés para mejorarlo, hice caso omiso de ello y me embarqué en el estudio de esta lengua. El primer trimestre había hecho un curso de inglés sin embargo, pero una vez realizada mi evaluación, concluí que no fue mucho lo que me aportó. Bueno, salvo reírme en silencio de mi profesor, que era un Hugh Grant venido a menos, muy simpático, de sonrisa leve, un dandi de punta a cabo, vestido siempre en combinación café y rosado y que hablaba en voz tan baja que me costaba mucho escucharle. Pero en él prevalecía el canon inglés que mandata a los caballeros el control del volumen, entre otras cosas que suelen desamarrar en el pub.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que me inscribí en el Instituto Italiano de Cultura. Y mi experiencia auditiva cambió. A las dos profesoras que tengo siempre les escucho. Me entretiene su carácter. Prefiero un buen tono, sin miedo, sin precaución pero es palabra y gesto auténtico y directo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de las clases iniciales, la profesora preguntó a cada uno de nosotros porque queríamos aprender italiano, unos dijeron “por trabajo”, otros “por placer”, hasta que llegó mi turno, no sabía que decir ¿era por belleza? sí, ¿por placer? también, pero no sé porque dije: por amor. La profesora inclinó la cabeza hacia un lado, como lo hacen los perros cuando ponen cara de pregunta, esperaba sin duda una breve fundamentación a tal respuesta. Ahí, un poco más consciente de mis dichos, simplemente señalé: para mi futuro amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sábado pasado en la mañana, dormía aún hasta que la alarma de mensaje de texto a mi celular sonó como una lápida. Era Louise, mi amiga inglesa, que me alertaba de las malas nuevas en Chile. Hasta ahora que sólo recién supe de mis seres queridos, que sólo recibo basura de la televisión chilena, descoordinación en las autoridades y una serie de oportunistas intentando ganar a expensas de un Chile anestesiado, experimento como mi boca se empieza a sellar, es un knock out en cámara lenta. Me apuro, me desdoblo e intento escribir estas palabras…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queda en evidencia que Chile era una carcaza. Se caen las paredes, la tecnología, la soberbia, las supercarreteras y adentro no hay nada, está vacío, se murió el alma. Chile es un país sin alma. Tan distinto a como dicen que era y tan distinto a lo que aspira a ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte de tío Mario es un garrotazo. Lo quise mucho. Hubo un tiempo cuando los encuentros con mi padre estaban extraviados, donde él estuvo muy presente, como amigo y ocupando un espacio específico que necesitaba. Me siento afortunado de haberlo tenido como tío, cercano en épocas difíciles, buena onda, mas lejano en otros tiempos, pero sólo desde lo físico, ya que sabía que era incondicional en cuanto lo necesitara. Quizás así será de ahora en adelante, en su ausencia física. Pero estos malos días han sido de mucha comunicación con su recuerdo. He agradecido y también he sentido su partida, creo que es bueno no dejar de hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su familia, que es la mía, aunque en nuestra dinámica a veces es sólo un dato, le deseo que el recuerdo de un hombre, imperfecto, buena persona y querendón, alegre y simpático, llene ese vacío que nos deja. Bueno ese hombre que el destino quiso que fuera uno de mis tíos preferidos, ese hombre que fue padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mío, le deseo descanso y un llanto reparador. Fue un dolor accesorio pensar en que tuvo una vez más que asumir el rol de soportar la estantería. Ver a su madre sufrir por la pérdida de un hijo, ver a su hermano tendido sin vida en una cama pública pero higiénica, y la condena perpetua de repasar todo lo no dicho, lo pendiente, en esa vida compartida, arrebatada de un momento a otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días después, al igual que medio Chile, estoy apagado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo los versos de un poema mortinato de mi autoría:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Por qué tendremos que necesitar seguir? Y no sea una decisión trivial detenerse. Salirse del juego, pedir minuto ¿puedo pedir tiempo?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy al revés de los mortales&lt;br /&gt;(lo que no asegura vida eterna)&lt;br /&gt;mientras más viejo estoy&lt;br /&gt;más cuestiono cosas fundamentales&lt;br /&gt;pero no sólo por ejercicio&lt;br /&gt;sino por el sueño de que cambien&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy al revés de los mortales&lt;br /&gt;Mientras más viejo&lt;br /&gt;Más incómodo&lt;br /&gt;Más insatisfecho&lt;br /&gt;Más pelucón&lt;br /&gt;Más revolucionario&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque muera en la guerrilla&lt;br /&gt;a manos de mis propios compañeros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tuve vacaciones para las fiestas de fin de año. Así que decidí tomármelas en medio del segundo term. Y el destino no podía ser sino Andalucía, España. Siguiendo los consejos de Juan y Elena, partí en Jerez de la Frontera. ¿La frontera? ¿Sólo religiosa? Fue una felicidad tan palpable aterrizar en ese suelo y sentir, al bajar del avión, un olor distinto, una mezcla de brisa de mar, palma y pueblo. Estuve en Tío Pepe, donde hacen el famoso Jerez o Cherry. Ahí empezó todo, mi idilio con el Pedro Ximenez (puede ser Canasta también, pero es mucho menor). Nunca pensé disfrutar a tal punto el vino dulce, bien frío y con alguna tapa. Y aunque la lluvia me pilló desprevenido, recorrí por el día una ciudad que me pareció mucho más de lo que esperaba: plazas, calles y edificios maravillosos de influencia árabe. Pero el mercado de abastos me tocó, cómo recordé mis tiempos de niño, cuando iba con mi madre por las compras y tenía esa indestructible seguridad de ir con ella. En España se fuma en los cafés, pero un cortadito bien vale la pena como break para continuar con la lectura de la joyita que encontré en la biblioteca de UCL: Los poetas comunicantes de Mario Benedetti. Un libro con entrevistas a Roque Dalton, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Idea Vilariño, Fernández Retamar y Eliseo Diego, Ernesto Cardenal, Adoum, Gutiérrez y el impresionante Gelman. Me conmueve como hablan de la Revolución en el año 71, mi año, especialmente porque sé, como una trampa, lo que ha sucedido después, con ellos y conmigo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, lamentablemente saqué boleto directo a Sevilla, pero ya había algo que me hizo intuir sacarlo desde Cádiz (que está en sentido contrario a Sevilla), y estar así al menos unos minutos en otra ciudad al lado del mar. Bueno, resultaba que se celebraba ese fin de semana el famoso carnaval de Cádiz. Como digo, no pude quedarme pero pude apreciar lo importante y entretenido que es. Llegué a Sevilla, lloviendo, pero con ganas de hacerla mía. Me alojé en el barrio Triana, al otro lado del Guadalquivir. Creo haberla recorrido bastante, el Alcázar me pareció fantástico y tan barato (no así la catedral que cobraba lo que sus fieles no pagan). Debo haber caminado por las callejuelas del barrio Santa Cruz al menos unas dos veces por cada una; el solo hecho de ir por calles con nombres tan sugerentes como Aire, Agua o Triunfo era un placer en sí mismo. Las casas blancas (incluida la de Velásquez), los balcones (incluido el del Barbero), los museos, las  iglesias y todo ese arte universal (aunque quieran monopolizarlo). Pero sin duda, de lo que me enamoré con una efectividad intravenosa fue de un lugar donde hacían flamenco, muy auténtico, nada muy producido, llamado La Carbonería (Levíes 18). Ahí me tuvieron las tres noches que estuve en Sevilla. Pero si debo ser específicamente honesto, más allá de los refrescantes y baratos tintos de verano, y el carácter especial de los cantores, lo que asestó mi corazón promiscuo fue esa bailaora, una rubia con poca pinta española, más bien de rusa o de Europa del este, pero que no era una persona cuando bailaba, no sé muy bien lo que era, pero “eso”, desaparecía una vez que terminaba el show. Con ella acabé un poema que había empezado con otra bailaora en el museo del Flamenco, pero que no había alcanzado a terminar. Así es no más la reivindicación de la serpiente. Una mención especial merece el club “Lo nuestro” donde al final de la jornada siempre había un espacio para ver y escuchar sevillanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego estuve en Córdoba. Impresionante toda la historia y la cultura que hay ahí de manera compacta. Comí muy rico, probé lo que más pude de la fama de su cocina, y encontré buena vida bohemia: un bar restaurant llamado El Sótano en la hermosa plaza de Las Correderas, donde mientras comía, vi como grupos de intelectuales se reúnen a fumar, beber y hablar de trivialidades con una profundidad envidiable; o la Taberna Salinas, más clásico, muy bien atendido y con especialidades como el salmorejo cordobés; y finalmente un Jazz Café donde coincidí con una fabulosa y entretenida jam session. Entré a casi todos los museos, descubrí la maravillosa pintura de Julio Romero de Torres, estuve en Medinat al-Zahra, la espectacular Mezquita y el Alcázar de los reyes, por nombrar algunos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente me fui a Granada en bus, y fue la mejor decisión. Recorrer esos pueblitos blancos, con castillos en los cerros fue alucinante. Una vez en Granada también recorrí todo, hasta el monasterio de los cartujos y sus macabras pinturas. Y por supuesto me emocioné con la Alhambra y todos lo barrios aledaños. Fui al Flamenco del Albayzín pero aunque fue muy especial estar en esas cuevas gitanas, el show fue demasiado turístico para mí, eso me decepcionó un poco. Comí muchas tapas gratis, sí, en Granada son gratis. Fui a entrevistarme con los profesores de literatura en la Universidad e hice algunos amigos de viaje. Lo pasé muy bien en la hostal que me quedé. Había una energía que facilitaba la amistad, creo que mucho se debía a Asia, la chica que administra el local, búlgara y emparejada con un argentino, y con quien hasta hoy mantenemos correspondencia. Antes de marcharme aproveché una librería especializada en poesía y con buenos precios para comprar poemarios de Ángel González y Benjamín Prado. Hoy acompañan mi desvelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El último día en España lo pasé en Málaga donde tomé mi vuelo de regreso. Fue el único día soleado (me topé con unos de los peores temporales de España, con desborde de ríos incluido) y pude apreciar una ciudad de belleza menor pero igualmente agradable. Fue bonito estar acompañado durante todo ese día por una chilena, que conocí en Jerez, el día 1, esperando el bus desde el aeropuerto a la ciudad, y que en un gesto generoso me ofreció reunirnos en Málaga cuando terminara mi viaje. Fue un cierre de círculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin conocí a Nadja y sí, es surreal. Ésta es eslovena. Estaba como un fantasma en la hostal de Granada donde alojé, compartíamos el mismo cuarto. Nunca quería salir con los otros que improvisadamente armaron un grupo del cual participé cada noche. Era silenciosa y siempre me la encontraba frente a su laptop, incluso cuando llegaba tarde después del tour de tapas. Yo la saludé desde un principio. Me llamaba la atención aunque no es de ese tipo de chicas. Un día le dije que me acompañara a tomar una cerveza. Me di cuenta que hablaba un castellano suficiente. Me dijo simplemente: vamos. Caminamos como lo hacen los amigos o quienes no tienen apuro. Ya en la cantina hablamos de cada uno, quizás un poco más influenciados por los cánones, sin embargo, con ella era imposible caer en banalidades. Eso me tenía impresionado. No hablaba perfecto castellano, muchas veces debía explicarse mejor en inglés. Pero nada de eso importaba, porque sus comentarios eran asertivos, profundos, y lo mejor de todo, eran ventanas. A través de ellas se podía ver hasta lo invisible (parafraseo un fragmento de Kundera que ella me envió).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supe que se llamaba Nadja hasta que con no poco pudor le pedí su email. Algo me recorrió entero al saber que estaba frente a la musa de Breton.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en Londres las conversaciones han sido muchas. No hablamos de lo que hacemos, de hechos o circunstancias. Ella sólo me envía su música y yo la mía. Comentamos películas que pocos ven. Una vez le envié de regalo un tema instrumental y me respondió con versos. Otra vez hablamos de La Casualidad, y yo le dije que para mí era algo que iba más allá de una explicación física. Que me gustaba pensar que había otras fuerzas operando. Y no me refería a fuerzas divinas o sobrenaturales, sino a ciertos manejos, quizás acuerdos, inconscientes (o no tanto) con el destino, con uno mismo, y que hacen que situaciones inesperadas parezcan como tales pero no son sino un deseo superior, una conexión más profunda que la conocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me preguntó si escribía para una audiencia. Yo le respondí que lo hacía por mí, o mejor dicho, como algo natural, esencial. Era para mí un conjunto de registros de cómo la vida me atraviesa. Soy una suerte de filtro vital, le dije. Sin embargo –agregué-  me gustaría mucho que la gente me leyera y que, cómo ha sido hasta hoy con los pocos que lo han hecho, quienes me lean, se sientan tocados más allá del intelecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así y sin darme cuenta. Despierto -o abro los ojos- y digo con una voz de río revuelto: Nadja inspira mi poética. Es ella una vez más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conclusión: existe una diferencia entre la nostalgia cuando se produce a partir de algo que no volverá: la niñez, la juventud, quizás alguien, el amor perdido, la muerte; y la que se deja caer como una guillotina sobre el pecho vivo, esa nostalgia impotente sobre algo que se extraña con la posibilidad cierta de ser recuperado, quizás alguien, pero que no hay nada ni nadie que dé el más mínimo indicio, menos una certeza, de que así suceda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Archway station, mi estación de tube cierra todos los días de semana a las 10pm por reparaciones y mejoramientos técnicos. Tengo que tomar un bus de acercamiento. El 390 o el 134, me sirven desde Kentish Town, la estación más cercana donde me bajo después de las 10. Caminando hacia la esquina me doy cuenta que el bus está en el semáforo y que debo correr hacia el paradero que está cruzando la calle a mitad de cuadra. La verdad es que no es necesario correr mucho dada la extrema lentitud de los buses en Londres. Al igual que yo, una marea de gente corre a esa hora de la noche, cerca de las 12 de un día viernes que ha seguido de largo desde los quehaceres de cada uno. La calle está húmeda por la llovizna y sucia de bolsas, cajas de kebab y otras comidas rápidas. Entre los que corren va un hombre mayor, probablemente un homeless, medio vestido de mujer y muy pintado, nadie lo mira. Llego al paradero y el bus sigue tomando pasajeros. Subo, me toca el turno de pasar mi tarjeta Oyster de pago por el lector, pero no es necesario, hay un papel pegado sobre él que dice: sorry, pero no está funcionando. Pasamos, todos suben, el bus está más lleno que de costumbre, el segundo piso está completo por lo que aunque las condiciones de la mayoría no dan para hacer el “cuatro”, todos respetan la prohibición de ir de pie en el segundo piso. El primero entonces va atestado. Intento avanzar entre la gente, la mayoría jóvenes que vienen de vuelta. Una parte de ellos muy borrachos, la otra celebrando la borrachera de esos otros, otro tanto absolutamente imperturbable ante el ambiente, y también hay gente triste que se mira hacia adentro desde el reflejo del vidrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comienzo a observar el panorama. Un hombre gordo, de barba muy larga, teje lo que aparentemente es una bufanda, hay otro hombre más atlético, de gorro de lana y traje impermeable con un perro boxer, ambos sentados en los asientos para personas discapacitadas. Va una madre con su bebé en el coche, ella lee uno de los periódicos gratuitos. Unos pakistaníes hablan en voz baja y unas chicas, muy rubias, de extrema mini falda, tacones de 10 cm, medias caladas y un escote que ya perdió su naturaleza de tal, hablan con estrépito y se ríen de uno de los borrachos, de acento escocés, que anuncia a viva voz antes de cada parada: “next stop Edimburgh (lo pronuncian édimbro). Me bajo del bus en Archway, varios caminamos, o intentamos hacerlo contra el viento fortísimo de Holloway Road, una suerte de corredor de viento desde la colina del Hampstead. A la media cuadra hay un auto detenido, aparentemente chocado. En realidad, el hombre, un negro de unos 30 y tantos, intentando girar en U se había subido a un montículo de una de las esquinas de la vereda. Había agrupado a unos 4 transeúntes, luego me sumó a mí, para ayudarle a levantar el auto de modo de desengancharlo de ese montículo que ya le rompió parte de la máscara del vehículo. Todos, incluido yo veníamos en una condición desmejorada para semejante maniobra, sin embargo, el hombre estaba desesperado. Entre todos ni siquiera logramos mover esa tremenda máquina, algo así como un Hammer dirían los expertos. En eso, la gente que por ahí transita preguntan qué pasa, en todos los casos, sin excepción, uno de ellos cuenta la historia agregándole en cada ocasión algún detalle que probablemente no existió pero que el hombre negro omite en aclarar dada su preocupación. Pasa uno más, apurando el tranco porque empieza a lloviznar, y dice en voz alta: créeme, no eres el primero. Todos ríen, menos el negro, evidentemente. El que comentaba decide plantearle en perfecto estilo british algo así: me permito sugerirle que visto los intentos realizados, y que no se trata de un problema de voluntad, ud. puede ver que seguimos aquí y lo podríamos intentar una y otra vez, al parecer el problema es de fuerza mayor, quizás ud. necesitaría otro tipo de ayuda, alguien con más recursos, alguna grúa, probablemente debiera llamar a la ley… antes de mencionar la última palabra había sido tal vez un poco extenso, polite, pero definitivamente muy convincente. Pero terminada la última frase, uno de los que se había sumado después, un joven y su novia de nos más de 15, una mezcla entre punk y emo, suelta una carcajada tan espontánea como explosiva, grita con mofa “the laaaaaw”, fue como un “corten” en la toma de una película, que todos en ese momento seguimos nuestro camino, bajando por Holloway Road, comentando lo sucedido, un par de ellos se adelantó, y unos metros más allá se abrazaron riendo hasta entrar al único pub (irlandés) que está abierto hasta esa hora. Yo crucé la calle, no quería que me hablaran, miro a Keira Knightley y a Penélope Cruz en unos paraderos de buses, casi en la esquina de mi casa una mujer de pelo rosado, tambaleándose de un lado a otro busca infructuosamente las llaves de su casa en su cartera gigante. Su pareja, vestido de impecable terno y corbata, la mira desesperanzadamente. Sigo mi camino, no sé si sonreír o qué. No sé qué cara habré tenido. No sé cómo me veía, qué aspecto tenía. Quién era. Sólo subí a mi cuarto y antes de dormir decido escribir esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fueron más de 15 minutos de una estación hasta mi casa. Y todos, incluido yo, somos parte de esta jungla de freaks y adefesios, parte de la excreción de esta glándula occidental donde se me ocurrió estudiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace varios meses que me inscribí en un servicio llamado Host. Yo debo estar disponible para pagar un viaje a cualquier punto de UK y ellos me ubican, de acuerdo a las preferencias que meticulosamente indagan, en una familia que me recibe por un tiempo definido, que suele ser un fin de semana. A mi me tocó ir a la casa de Antonia, o Toni, una señora soltera a sus casi 70 años, profesora de música, que recibe estudiantes bajo este sistema hace casi 40 años. Lo hace unas cuatro veces en el año con el propósito de ser una casa de familia para quienes estamos lejos de las nuestras. Esta vez fui elegido yo y Rafi, un musulmán de Bahrein, muy formal pero muy agradable y amistoso. Después de un viaje en tren de antología, por bosques, praderas y costa de UK, llegué al pueblito de Par, ubicado en la provincia de Cornwall, extremo suroeste de la isla. El lugar es precioso y Toni, en un Peugeot de los 80 muy destartalado, se encargó de mostrárnoslos muy bien. Estuvimos en las costas del canal inglés por un lado (Fowey) y del mar céltico por el otro lado (Newquay), fuimos a un pub del siglo 12 donde hubo un tipo que se enfureció porque tomé unas fotos al bar donde estaba bebiendo. Estuvimos en unos acantilados espectaculares. Fuimos a Truro y estuvimos en un museo mirando documentación del 1840 que indicaban que los ingleses que llegaron a Valparaíso y a Chile por el tema minero provenían de esa zona (ella lo había preparado todo con su amiga Angela, la bibliotecaria). Comimos un tradicional Cornish Pasty. Una noche nos llevó a un concierto de un coro anglicano, bellísimo, hasta canté una canción junto al coro como en las películas siguiendo un himnario perfectamente encuadernado. En un break hicieron una rifa donde Rafi ganó una botella de vino y yo un conjunto de perfumes y agua de colonia. Otro día fuimos a un pueblo de pescadores (Mevagissey) y tomamos té con la profesora del pueblo. El último día hicimos una cena, 2/3 árabe y el resto chilena, que compartimos con sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no me cabe duda que lo fabuloso de esta experiencia va más allá. Tiene que ver con la exultante convivencia con Toni (y también Rafi). Ella vive en una casa de más de 200 años, de no más de 190 cm de altura, muy pequeña pero con mucho de la implementación original. No le gusta la tecnología, sólo usa una radio y el teléfono, y su orgullo es la grabadora telefónica. La casa está tapizada con cosas antiguas, que se han ido acumulando de generación en generación, retratos de sus antepasados, muchos mapas (le encantan), guitarras, flautas y dos pianos, y el resto, sin contar unas cuantas arañas secas,  son estantes con libros cuidadosamente clasificados. No usa Internet pero ante cualquier pregunta de nuestras nutridas conversaciones, ella traía tres o cuatro libros como referencia. Hablamos sobre lo que se dice no se debe hablar, especialmente religión. Hablamos de las peregrinaciones de los santos, de Enrique VIII, Elizabeth I y hasta del Rey Arturo. De poesía no mucho, sabía menos, pero sí adoraba a Wilde tal como yo. Yo le llevé de obsequio los 20 poemas de amor de Neruda (en inglés y castellano (no había otra cosa)) y los Detectives Salvajes de Bolaño (en inglés). Pero le gustaba más la historia y la religión. Tomábamos el té al estilo inglés todas las tardes, con alguna galleta o dulce típico. Nos indicó que la leche se sirve primero y muy poco, luego el té, de tetera por supuesto, nada eléctrico. Yo la observaba de cerca, sus gestos, su perfecto inglés, su energía, sus sueños, su juventud. Me recordó por sus gestos en ciertos pasajes a mi madre y a una tía que vive en el campo en la Serena al norte de Chile. Esa ansiedad por decir, eso de mirar por la ventana, en lontananza, como buscando alguna información que está más adentro que afuera, tomarse las comisuras de los labios y seguir hablando, ir de un tema a otro, irse por las ramas, mencionar que un cuervo se posó en la camelia del jardín, pasar luego las manos por la mesa, buscando residuos o migas de pan, sus muletillas: anyway, ooops, y la más adorable: oh gosh! ante cualquier evento que le pareciera fantástico o interesante. Con sus amigas se mostraba jovial, al parecer tenía fama de impuntual, y ella les respondía burlonamente: never mind.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que he empezado a resentir la soledad. No la presencia de gente, sino la ausencia de personas fundamentales. Algunos que conozco y otros que no existen aún en mi vida. Mi entorno me es tan ajeno, y no hablo de la ciudad, sino de la gente y sus búsquedas. Qué extraños son. Me cuesta encontrar contención o un par con quién pasar los días. Por otro lado, el no saber bien qué sigue, que va más allá de la incertidumbre, a la que no temo, me tiene paralizado. Eso se ha acrecentado con un Chile que no quiero y que por las razones circunstanciales que sabemos se me ha aparecido como fantasma todo el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es como no tener lugar ni destino. Creo que no es Londres ni la ciencia política o la gestión pública. No sé si es en España donde me aceptaron en un doctorado en Literatura. Pero tampoco sé si es Chile la próxima estación. No me siento cómodo allá. No me gustan los chilenos y su farándula, su vacuidad y falsedad, ese arribismo insoportable y esa manera pragmática (alabada y aceptada) de ver la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucede que ando melancólico, no sé por qué, suelo ser así, no debiera sorprenderme, pero a veces cuando uno está en la sopa, como yo le llamo, aunque tenga la conciencia de estar ahí, es difícil salir, y como buena sopa, la cuchareo una y otra vez, sin acabarla...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-0-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para semana santa o Easter por estos lados. Toda la gente toma vacaciones y visita sus familias. En mi caso no fue distinto. Mis housemates partieron y yo recibí a mi amigo Johnny. Conversación como siempre, bares y clubes, una lovely tarde con amigos el domingo, una que otra galería. Mucha desconexión, dispersión y evasión. La necesitaba. Una noche fuimos al que dicen es el club con mejor sonido de todo Europa. Se llama Ministry of Sound. Un amigo de Johnny, David, tenía invitaciones VIP para escuchar a un DJ llamado James Zabiela. No me gusta la música electrónica o como le llamen, sin embargo, el sonido hacía vibrar mi cabello, la ropa y hasta retumbar mi pecho. Le dije a Johnny, buscando su anuencia, si sería posible que el corazón se acompasara con un ritmo de tal envergadura y poderío. Sería un excelente tratamiento. Me miró escéptico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jueves llega Elena de visita. Debo hacer un par de ensayos, un diseño de investigación y estudiar para tres exámenes. Aún no hago nada. Estoy en la luna, una vez más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(un Salieri para esta nota, &lt;a href="http://soyunsalieri.blogspot.com/2010/04/oh-melancoliasilvio.html"&gt;aquí)&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-6211659971289403969?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/6211659971289403969/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2010/04/notas-de-hibernacion.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/6211659971289403969'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/6211659971289403969'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2010/04/notas-de-hibernacion.html' title='Notas de hibernación'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-766879831458428384</id><published>2009-12-01T13:31:00.002Z</published><updated>2009-12-01T13:40:23.089Z</updated><title type='text'>74.27.11.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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Esta es King’s Cross Station? &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);font-family:Verdana;" &gt;Me dijo, mientras leía un antiguo anuncio con las estaciones de destino de ese andén. – No, esta es Baker Street Station. Le respondí, y luego agregué el dato trivia, al puro estilo y gusto de mi interlocutor. – Esta es una de las estaciones más antiguas de Londres y del mundo, este trayecto ya funcionaba a mediados del siglo 19. En efecto, ahí recogí a mi amigo. En la estación donde llegan los buses de acercamiento desde el aeropuerto de Stansted. La agenda de actividades y los temas en tabla eran muchísimos, por lo que no sabíamos por donde partir. Así, después de un momento de ese silencio totipotencial, y mirando sin mirar ese túnel de ladrillo, como sólo un amigo sabe, quizás no desde el conocimiento, sino desde otro lugar menos manoseado, me dice: - Estuve leyendo un libro de Nietzsche y hay una cita que, según yo, te refleja tal cual. Dice así: “Poets treat their experiences shamelessly: they exploit them” (algo así como “los poetas tratan sus experiencias sin vergüenza: ellos las explotan” o quizás ellas a ellos, esto último es mío). Así empezó ese viaje, esta vez en mi casa, Londres. Así son estos viajes cuando algo sobrenatural establece un lazo entre dos personas y éstos, sólo fieles a la naturaleza, deciden ser amigos.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Ya en tierra derecha para cumplir los tres meses en esta ISLA empiezo a extrañar cosas de mi otrora entorno cotidiano. Algunas insignificantes, como los basureros en las calles. Aquí debe haber una proporción de 1 por 20 que es posible encontrar en Santiago. Y no es que me gusten los basureros pero es que no puedo botar siquiera un boleto a la calle, hay una fuerza magnética que me lo impide, quizás la memoria de un dedo pedagógico de mi madre o de la tía Teresa, mi profesora de primer grado, o el “león” escudo de la municipalidad de Santiago, que según un spot muy apropiado a los tiempos de mi Chile en dictadura, se te aparecía en una posición amenazante si botabas un papel a la calle (y quién sabe qué podía suceder después, de hecho, aún no se sabe todo). Así que permanentemente me veo en la necesidad de guardar algunos residuos para botarlos en alguno de mis tres basureros de la casa: reciclaje, orgánico o basura. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Pero hay cosas importantes que extraño mucho. Echo de menos esas cenas en casa de Georgi, con Carito ayudando, haciendo su clásico queso crema relleno de palta (aguacate) y una lluvia de sésamo. Maurito contándonos algo interesante, a veces Pilinklin con su entusiasmo, y siempre Jorgita haciéndose el molestoso y preparando un rico pisco souer. Extraño esas noches de declaraciones, juegos y risas. También echo de menos esas conversaciones, a veces sólo para ni-más-ni-menos sentirnos acompañados sobre algo que nos estaba sucediendo. Con cada uno, un rito respectivo como antesala. Un café con Maurito, en Providencia o también en su casa, a veces se le agregaba algo más para darle otro prisma a la conversación. Con Georgi, previo a esas ricas cenas, en ocasiones me citaba antes que al resto para así ponernos al día, en otras, se escapaba de su pega, algo no tan difícil y extraño para ella, y nos tomábamos un cafecito por ahí. Con Teteye, en su casa, en su consulta, en el negocio de la esquina, en cualquier lugar, ella, como con un manto mágico era capaz de desplegarlo sobre ese espacio, abrirme el corazón y extraerme el zumo. Sandra y su cocina maravillosa ¿Cómo no hablar en confianza después de esos cariños materializados en deliciosos bocados, especias y vino tinto? También recuerdo esas escapadas de día sábado a almorzar con mi admirada Gaby III en algún restaurant chino de Ñuñoa. Ella con esa sabiduría salomónica siempre proveyó un espacio no físico para hacer confluir todo lo que estos cuerpos semi inmortales y sin filtro habían acumulado. Y mi amigo, hermano y compadre Marcelo, quién mejor que él sabe escuchar y comprender, sí lo hace desde que teníamos 6. Alguna vez le escribí (dije) que siempre sentíamos lo mismo y, aunque fuera a la distancia, nos sintonizábamos de tal modo porque compartíamos la misma piel. Toda la complicidad con Xime, yo en mujer, desde la devoción por Fito Páez y Pedro Aznar, pasando por la guitarra y el canto, hasta saber de antemano cada pormenor de amores y desamores. Mis amigas Mirtha, Eloísa y Emilia, que con Pascualita componen esa exquisita Casa de Bernarda Alba que tantas veces me acogió. Marion y esos extraviados cafés de media tarde. Leti, Kathy y Pía, mis amigas de mi ex trabajo, con quiénes, juntos, separados o revueltos, también disfrutábamos de cuanta celebración se organizara, y si no, las inventábamos. El Benja con su movimiento de traslación, a veces cerca y otras lejos. Arturo, mi compañero de trinchera en la escritura. Carmen F y su cocina ecuatoriana. Los ex Lyners, Gonzalo y Quezo (algún día escribiré sobre esa fabulosa agrupación) más Eduardo (una suerte de alter ego, también desde los 6). Cristina R desde la distancia. Y la multipersonalidad de Clara, que en cualquiera de ellas me satisface mis necesidades más etéreas. Mis amistades incipientes: Andreíta del puerto, Moca, Paula, Lili, Úrsula, la poeta Rosicler, Marcelo Br, Pablo y Leyla, Jorge y Carmen. También Biodanza, Mandiro y mi amada maestra Menousis. Y algunas amistades en &lt;i style=""&gt;pause&lt;/i&gt;: Igor, Hernán R, Jorge B. Bueno, y mi amor mágico, soñado, de alas y vuelo compartido a través de montañas a puertos e islas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;De cada uno de ellos y ellas extraño la posibilidad de sentarme al frente y que antes de empezar a hablar siquiera ya sepan que estoy sintiendo, por qué digo lo que digo y por qué lo digo de esa manera. Después de esta cascada, de este lanzamiento en benji, de este rafting por el Petrohué, que han sido estos tres meses en Londres, daría todo este Reino Unido por una de esas conversaciones, una sola, cualquiera me haría feliz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Pero aquí se empiezan a trazar otros caminos. Comienzan a bosquejarse nuevas historias, nuevos astroviajes. Hasta ahora he hablado bastante, aunque nunca será suficiente, de lo que se está consolidando con Carmen y construyendo con Max, a su debido ritmo, como todo buen cocimiento. Hace algunas semanas atrás fuimos los tres a un &lt;i style=""&gt;Sunday Roast&lt;/i&gt; en un barrio muy &lt;i style=""&gt;posh&lt;/i&gt; (elegante) bastante cerca de mi casa y de ahí a uno de los parques más lindos que he conocido en Londres, el Hampstead Heath. Un parque, que al contrario del Hyde Park y los Kensington Gardens, todo está muy al natural, salvajemente dispuesto. Se encuentra en unas colinas por lo que es posible tener una privilegiada vista de Londres, además tiene unas &lt;i style=""&gt;ponds&lt;/i&gt; (lagunitas) con aves silvestres y unos árboles añosos que ya empezaban a mostrar sus canas otoñales. Fue un paseo muy familiar, de día domingo. Por su parte, con Carmen todo el tiempo surge, desde esa esquina que sólo son capaces de construir los amigos, un mensaje para juntarse a un café, o improvisar un almuerzo a cualquier hora. Siempre habrá un lugar nuevo que conocer, o una comida exótica que probar, y que sea el escenario perfecto para una conversación necesaria. Muchas veces no resulta. Ambos tenemos agendas completas. Carmen está escribiendo su tesis doctoral y tiene esos días negros que sólo los doctorantes parecen conocer, y yo también tengo de los míos, pero es justo ahí, cuando como por efecto de un chasquido de dedos, nos reunimos en esa esquina, en este caso la de la librería Waterstone’s. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Por otro lado, esa chilena becaria, Alejandra, ha resultado ser una gran partner. Desde ese primer día de spaghetti y vino tinto se vio que podríamos compartir parte de este mismo camino. Y desde ese día no hemos parado. Se nos suma frecuentemente Paula o Gaby, a veces algún compañero de su Masters. Juntos nos hemos hecho &lt;i style=""&gt;habitué&lt;/i&gt; del Southbank Centre, un gigantesco complejo de salas de distintos tamaños y formas, donde es posible ver teatro, escuchar a &lt;st1:personname productid="la Filarm￳nica" st="on"&gt;la Filarmónica&lt;/st1:personname&gt; de Londres, asistir a conferencias de escritores, etc. Por ejemplo, ahí fuimos al Festival de Jazz de Londres, en particular a un concierto de una banda argentina llamada Astillero que cultivaba un tango del siglo 21, según sus propias palabras. O asistimos a unos conciertos denominados &lt;i style=""&gt;“the night shift”&lt;/i&gt;, donde por ser estudiantes, además de tener entradas muy baratas, regalan una cerveza. La primera vez que fuimos estábamos los cuatro: Ale, Paula, Gaby y yo. Llegamos al Queen Elizabeth Hall, retiramos las entradas, fuimos al guardarropía, todo de muy buen nivel pero relajado, y nos ofrecieron pasar a una suerte de sector vip para estudiantes. Sí, increíble, sector delimitado por cordones y hermosas promotoras sólo para estudiantes. Ahí nos ofrecieron una cerveza, la que aceptamos con gusto. Entre la conversa y un grupo de música india esperamos el inicio del concierto, hasta nos paparazzearon con una foto que luego saldría publicada junto con otras en la invitación de la nueva versión del night shift. Y bueno, en Londres una cerveza se hace poco, así que fui por la siguiente ronda. Le pregunté a la chica de esa barra improvisada si podía venderme unas cervezas y ella respondiéndome en tono amable pero también con algo de glamour, me dijo - para que quieres que te las venda si te las puedo regalar. Así fue que nos tomamos tres rondas antes de entrar, y con la cuarta en la mano -ya que aquí se puede tomar en las salas- nos sentamos a escuchar a Haendel. El director, joven, muy cool, en mangas cortas, pero bien vestido, introdujo las obras que escucharíamos. De eso se trataba. Disfrutar esa música, probablemente compuesta bajo esos mismos cielos algunos siglos atrás, con un traguito y la compañía de –en mi caso- nuevas amigas. Hemos ido a un par de conciertos más pero en el Royal Festival Hall, que es una sala monumental del mismo centro, y donde &lt;i style=""&gt;performa&lt;/i&gt; &lt;st1:personname productid="la Filarm￳nica" st="on"&gt;la Filarmónica&lt;/st1:personname&gt; de Londres. Lo último que fui a escuchar fue superlativo, definitivamente. Esta vez estaba Ale con unos amigos de ella, Georgina, una nueva amiga mexicana que conocí a través de Carmen, y yo. Sin embargo, quedamos sentados en distintos lugares porque habíamos comprado los boletos por separado, excepto por Georgina (¿georgi?) y yo, que por una coincidencia inexplicable quedamos sentados exactamente uno al lado del otro. Escuchamos Haydn y un extracto de la ópera “Historia von D. Johann Fausten de Alfred Schnittke. Impresionante. Y por supuesto, siempre después de cada concierto hay algo más. Una caminata por Soho “donde las paradas son las que dejan”, una visita a algún club de música de los ’70 o un kebab. Este último siempre es un buen cierre cuando el carrete (la marcha) se ha extendido más de lo debido y se viene el nunca bien ponderado &lt;i style=""&gt;bajón de hambre&lt;/i&gt;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Como aquel día, que con un grupo de compañeros del Masters de Ale (algo así como arquitectura sustentable), la mayoría griegos, fuimos a Favela Chic, una versión londinense del afamado club parisino, aquí también es muy &lt;i style=""&gt;in&lt;/i&gt; y sólo es posible bailar si se sabe hacerlo en un medio metro cuadrado. O como en esa otra ocasión, cuando con Ale y esta vez Carolina, una brasileña pero antes avecindada en Paris, después de tomarnos unos piscos souer en casa de Ale, nos fuimos a Camden Town, a una especie de centro de bares, restaurantes y clubes. Un epicentro llamado Stables. Donde efectivamente en tiempos pretéritos hubo establos. De hecho, el club al que entramos tiene una parte donde lo que fue cada caballeriza ahora es una pequeña pista de baile, con caño incluido (pole, tubo). Cuando entré a ese lugar, antes de llegar a los caños, había una banda tocando un rock muy underground, muy londinense, con no mucha gente pero toda moviéndose -diría hipnotizados- al ritmo melancólico de esas tres guitarras distorsionadas que había en escena. Me imaginé estar en una película de aquellas, como &lt;i style=""&gt;Blow up&lt;/i&gt; del maestro Antonioni. En realidad había imaginado muchas veces estar en ese lugar, no sé si en ése, pero sí en algo así como mi propia película rodada en un club de esas características.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Pero también con mis housemates he ido afianzando una amistad, aún embrionaria por cierto. No es fácil, ni siquiera para ellos, desarrollarla en condiciones tan disímiles unos de otros. Ya los voy conociendo mucho más. Por ejemplo, por fin pude dilucidar el origen de Vinay. En realidad no tiene nada de persa. Ese fui yo y mi oído ubicado en la parte distal de mis extremidades inferiores, o sea los pies. Cuando aquella vez que me entrevistó le pregunté de donde era, claro él antes de decirme se excusó por su acento fuerte y yo me armé la película. Él me dijo Prescot (créanme que suena parecido), que es una ciudad muy pequeña entre Manchester y Liverpool. Vinay es tan inglés como un toffee, aunque su familia proviene de Kenya y trabajaron mucho tiempo en India. De hecho para muchos su aspecto es el de un indio. John, el rubio alto, pese a su tamaño y a su actitud, lo siento como un hermano menor. Es el que se pone menos nervioso cuando tiene que repetirme una segunda vez algo que no les he entendido y, junto con Vinay, tienen el sueño de viajar a Sudámerica. Él ha estado trabajando mucho así que este último tiempo lo he visto menos. No así Tony, el tercero, el definitivamente más posh, con costumbres más inglesas y una formación en Cambridge que la lleva grabada en la frente. Él trabaja en algo así como auditorías financieras. Al parecer tiene un buen puesto y constantemente lo llaman ofreciéndole otros trabajos. Sin embargo, no sé cómo lo hace porque al menos un par de días a la semana se queda dormido, se va en la tarde o derechamente no va al trabajo. Él es muy amable, muy compuesto y educado, pero le encanta comer y tomar. Y claramente se le pasa la mano. Es fanático de un pub del barrio que se llama Saint John’s y periódicamente está ahí tomándose unas &lt;i style=""&gt;pint&lt;/i&gt; antes y después de la cena. En realidad es bastante bueno para los &lt;i style=""&gt;drinks&lt;/i&gt;, como todo buen inglés, ya que en la casa siempre tiene vino francés, champagne, whisky o algún otro licor de mayor graduación. Él se pone muy nervioso al hablar, tiene un acento fuertísimo y siempre está haciendo bromas, sin embargo, más allá de ese comportamiento un tanto masculino e infantil, hay detrás un tipo muy clever, sin lugar a dudas, y muy preocupado por la vida familiar de la casa. De hecho hasta ahora, al menos en cuatro ocasiones ha preparado para todos la cena de los domingos. Como a eso de las seis de la tarde nos llega un mensaje diciéndonos a qué hora va a estar lista la cena. Ese es su estilo. Asimismo, quizás por su forma de vida, es el que más adminículos ha comprado para equipar la casa, especialmente la cocina, algunos increíbles como una pesa de laboratorio que le sirve para medir exactamente las partes de harina que utiliza cada mañana para hacerse los panqueques con arándonos que come de desayuno. Es rapidísimo de mente y, pese a su aspecto aparentemente parco, siempre se preocupa como me va en &lt;st1:personname productid="la Uni" st="on"&gt;la Uni&lt;/st1:personname&gt; (&lt;&lt;i style=""&gt;yuni&gt;&lt;/i&gt;, como le dicen). Una vez me vio trabajando hasta tarde en un documento escrito que debía presentar. Claro, él venía llegando tarde y un poco bebido, sin embargo, me ofreció revisar lo que había escrito… &lt;i style=""&gt;lovely,&lt;/i&gt; dirían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Hasta ahora no hemos tenido ningún problema en la casa. Compartimos las cuentas y pese a que no hay ninguna regla, todo está tácito y funcionando de maravillas. Aunque no sé porque razón la leche del refrigerador es un bien público de la casa, el resto de la comida es respetada religiosamente. No obstante, Vinay y principalmente Tony, que son los que más cocinan, usualmente dejan parte de lo que no consumieron en algún pote con un letrero que contiene el nombre del platillo y la frase “&lt;i style=""&gt;help yourself&lt;/i&gt;”, o sea, atiéndase. Cada uno de nosotros ha tomado un par de gavetas de la espaciosa cocina de la casa a modo de despensa personal, y el refrigerador es compartido por todos, aunque sin lugares asignados para nadie. Incluso en temas de limpieza no ha habido inconvenientes, aunque debo confesar que puede ser porque derechamente no se realizan, al menos con la periodicidad que debieran. Y aunque hay lavadora de vajilla siempre hay un desfase en el lavado. Ni hablar del baño, que es compartido por los tres Vinay, John y yo (Tony tiene baño en suite); la última vez atiné yo a hacerle un aseo profundo, a propósito que recibía la visita de mi amigo Johny y además teníamos programada una fiesta. Sin darle ningún valor, ni a favor ni en contra, debo constatar que es la primera que limpio un baño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Hemos salido una sola vez los cuatro. De ahí ha sido difícil coincidir todos. La mayoría de las otras veces, que no han sido tantas tampoco, ha sido John o yo el que no ha estado. Sin embargo, rescato dos salidas muy positivas en términos de estrechar lazos con mis &lt;i style=""&gt;housemates&lt;/i&gt;. La primera vez fue una salida a cenar con Vinay y Tony. La idea era no salir del barrio, así que fuimos a un restaurant indio, El Sitara, que tiene la particularidad, bastante especial, por decirlo de algún modo, de ser un Jazz restaurant indio atendido por una mesera de Europa del Este, probablemente polaca. Es una mezcla rara pero “interesante” (nota: interesante en el buen sentido, ya que en esta cultura tan dada a los mensajes entrelíneas, algo interesante puede tanto serlo realmente como ser una manera elegante de decir que es una basura). Comimos bastante bien y bebimos un delicioso vino italiano. Sin embargo, la cosa no llegaba hasta ahí, después venía el bajativo… ¿dónde? En St John’s por supuesto. La última vez había quedado yo con el turno de pagar la ronda, así que invité las cervezas, pensando que hasta ahí sí que llegábamos. No, después vino la segunda, y mientras la terminábamos Tony y Vinay con sus &lt;i style=""&gt;I phone&lt;/i&gt; último modelo, buscaban vía GPS cuáles eran los pub con música en vivo más cercanos de donde nos encontrábamos. Así que tras caminar unos 10 minutos llegamos a otro bar, en Kentish town, y ahí Tony invitó una ronda de cortos de Tequila. Había música pero ya cerca de las 11 estaban cerrando el pub, al menos la barra con su típico toque de campana, y que en el fondo representa lo mismo: señores, ¡váyanse! ¿Qué más hacen en esta ciudad en un pub si cierran el bar? Así que después de estirar al máximo la posibilidad de permanecer en ese lugar, caminamos de regreso a casa, con la certeza, al menos yo, que había dado un paso importante en la consolidación de esa necesaria confianza entre pares, que además comparten un techo. Ese fue mi primera aproximación a una “salida” con ingleses en día de semana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;La segunda fue notable. Podría perfectamente haberla relatado como una anécdota de época de colegio o de primeros años de Universidad en el pregrado. Hace algunas semanas atrás se celebró un rito muy importante para UK e incluso para otros países de &lt;st1:personname productid="la Commonwealth. Fue" st="on"&gt;la &lt;i style=""&gt;Commonwealth&lt;/i&gt;. Fue&lt;/st1:personname&gt; &lt;i style=""&gt;Bonfire night&lt;/i&gt;. Se trata de un día en que se celebra el desmantelamiento de una suerte de atentado local que intentó realizar hace varios siglos atrás el célebre Guy Fawkes. Este católico recalcitrante atestó con pólvora el subterráneo de &lt;st1:personname productid="la Casa" st="on"&gt;la  Casa&lt;/st1:personname&gt; del Parlamento (Palacio de Westminster) con la intención de incendiarlo. Y aquí, pueblo tristemente marcado por episodios de fuego generalizado en la ciudad, celebran hasta ahora el fracaso de ese atentado. Paradojalmente, lo festejan con fuegos artificiales y con la quema de muñecos alusivos al pobre Guy. Se debe considerar que por las mismas razones antes mencionadas, la legislación respecto del uso de fuegos de artificio es bastante leonina, y disfrutar entonces un show de esas características es muy esperado por todos, especialmente por los niños. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;(Nota al margen merece Fawkes, que en lo personal admiro mucho por sus ideas adelantadas para la época y su perseverancia a toda prueba, pese a su fanatismo religioso claro está. Su imagen así y todo es inspiradora para los ingleses; de hecho hubo un comic famoso de Guy Fawkes como antihéroe incomprendido en la que además se basaron para realizar la joyita de película llamada “V for vendetta”). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;En este contexto, todos se preparan y se preguntan ¿qué vas a hacer para Bonfire night? Vinay, viendo que yo no tenía panorama, me invitó a ver los fuegos artificiales al &lt;i style=""&gt;Alexandra Palace&lt;/i&gt;, que es un importante centro de eventos tales como recitales de música o ferias temáticas. Y como se encuentra en el cerro Muswell hill, provee una muy buena perspectiva para un show pirotécnico. Hasta ahí llegamos, después de tomarse algunas cervezas en un pub que estaba en el camino, acompañados además por Gareth y Debbie, dos amigos entrañables de Vinay, el primero, su compadre en época de pregrado (o &lt;i style=""&gt;undergraduate&lt;/i&gt;) de arquitectura en &lt;st1:personname productid="la Universidad" st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; de Liverpool. Luego de apreciar el hermoso espectáculo con otra cerveza en la mano, obviamente, había que continuar la marcha. El encantador barrio de &lt;i style=""&gt;Crouch end&lt;/i&gt;, cercano a donde estábamos, fue nuestro destino. Alcancé a contar en buenas condiciones al menos cinco pub donde pasábamos a bebernos una cerveza, continuando, sin perder el hilo, la conversación de fondo, todos por igual, incluida Debbie, que a esa altura ya no me parecía la niñita &lt;i style=""&gt;naive&lt;/i&gt; (ingenua). Luego, cenamos en un restaurant thai y pedí el platillo más picante de la carta (claramente aleonado por mi estado de intemperancia). Fue en ese momento que decidí sensatamente proceder a la autoinducción del vómito. Es que era insoportable la sensación de embriaguez acompañada del picor esofágico y gástrico con más persistencia que he experimentado en mi vida. Santo remedio (con el perdón de los santos). De ahí todo se aclaró y pude asimilar empíricamente dos lecciones. No sé si será porque antiguamente tomaban cerveza en vez de agua para evitar enfermedades por problemas de higiene, pero estos ingleses toman y resisten muchísimo, hombres y mujeres por parejo. En segundo lugar, Carmen tenía razón. No hay mejor y más efectiva estrategia para garantizar la complicidad de un inglés que emborracharse con ellos. El punto es que debe ser a la par. A mí no me dio, sin embargo, gracias al mencionado procedimiento clínico que me auto-infligí, pude continuar en carrera y acompañarlos al último destino de la noche: una fiesta en casa de unos amigos músicos de Gareth. A todo esto, con este personaje, un “Manchesteriano de libro”, habíamos hecho muy buenas migas. Yo creo que en parte le parecía atractivo mi inglés rudimentario, por lo que todo el tiempo me hacía aportes gramaticales y etimológicos para complejizar mi discurso, y porque además disfrutaba al máximo que le hablara de la cultura sudamericana, especialmente lo referido al –según él- mítico comportamiento “directo” y &lt;i style=""&gt;open mind&lt;/i&gt; de las latinas. Todo un fetiche por estas latitudes, que he utilizado impúdicamente en beneficio personal. En la fiesta tuve dos aciertos: tomar la guitarra y, aunque no tuve más público que mis propios acompañantes, dejarlos gratamente impresionados tras interpretar mis &lt;st1:metricconverter productid="3 a" st="on"&gt;3 a&lt;/st1:metricconverter&gt; 4 &lt;i style=""&gt;riff&lt;/i&gt; y temas “caballito de batalla”; el segundo fue en razón a que, aprovechando un ritmo filo latino, probablemente Santana, logré entusiasmar a dos hermanas eslovacas estupendas, que no sólo bailaron sino que hicieron una performance de aquellas. Fue tal el impacto que causaron, incluso en ellas mismas, que me dieron su número de teléfono para que las invitara en una próxima ocasión que hubiera una fiesta o alguna salida a bailar. Gareth y Debbie a esa altura ya habían abandonado por estado etílico, pero la cara de Vinay, testigo de toda esta operación y de los números escritos de puño y letra por tales beldades en mi libreta de anotaciones, fue mi constatación que no sólo había llegado entero hasta el final de la jornada (aunque ya se sabe que con algo de trampa) sino que yo era una mezcla entre el propio Guy Fawkes, Lorenzo Lamas y Humphrey Bogart. En otras palabras esa noche había logrado mi propósito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;h4 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;&lt;br /&gt;Y llegó el día tan esperado, después de más de dos años, o de casi 5 si se prefiere. El reencuentro con mi querido amigo Johny. Todo este tiempo él ha estado viviendo en Irlanda del Norte y, aunque parece una ironía del destino, ahora que yo llego a UK, él se devuelve a Chile. No obstante, teníamos un par de meses de coincidencia, una mínima posibilidad, y la concretamos. Llegó un día jueves en la noche. Yo, después de asistir a &lt;st1:personname productid="la National Portrait" st="on"&gt;la National Portrait&lt;/st1:personname&gt; Gallery a una conferencia sobre The Beatles y los lugares donde fueron fotografiados en Londres, lo fui a recoger a la estación de buses que lo traían desde el aeropuerto. Nos fuimos a mi casa, compramos una pizza para llevar (una casera) y una botella de vino tinto francés. No había tiempo que perder para ponerse al día. Dicho y hecho. Después de devorar ese platillo y bebernos la botella de vino, continuaron las cervezas, mientras los temas versaban desde la crisis económica mundial, pasando por la situación política de Chile, hasta un resumen de la experiencia en nuestros estudios aquí, todo evidentemente aderezado con notas al margen, bibliografía sugerida, y las correspondientes anécdotas sabrosillas. Teníamos para mucho tiempo más pero decidimos ir a dormir como a eso de las 4am. Al día siguiente fuimos temprano a &lt;st1:personname productid="la Embajada" st="on"&gt;la Embajada&lt;/st1:personname&gt; de Chile por unos trámites. La gente es muy amable, pero es casi una experiencia metafísica como tras entrar por la puerta del edificio que alberga la embajada y el consulado, a pocas cuadras del 10 de Downing Street (la oficina del primer ministro) y del Westminster, entras a Chile. Sólo de muestra un botón. Mientras el funcionario atendía a Johny, yo leía en la sala de espera, había más gente esperando y un grupo de personas hacía ruidosos arreglos, al parecer de calefacción; sin embargo, fue inevitable no reparar en el tono y las formas utilizadas por ese servidor público. El clásico burócrata de manga, visera y pantalón con el cinturón más arriba de la “cintura”. El acabose fue cuando escuché algo así como una transmisión deportiva. Efectivamente, el susodicho al percatarse de la profesión del usuario, no encontró nada mejor que compartir en su PC las –a su juicio- mejores carreras de caballo de la competencia local. Después de esa experiencia religiosa nos fuimos a recorrer Londres. Caminamos mucho pese a la llovizna. Nos fuimos por la ladera sur del Támesis y retomamos la conversación; los temas: parejas, cine y algo de arte, especialmente cuando cerca del Tate nos comimos unos creps como almuerzo. Luego, visitamos &lt;st1:personname productid="la Torre" st="on"&gt;la Torre&lt;/st1:personname&gt; de Londres donde había una exposición especial sobre Enrique VIII y sus armaduras. Tras mucho andar nos regresamos a mi casa, a dormir algo y reponerse. Se nos venía la noche prometedora del viernes. Hicimos un recorrido donde la primera parada fue en Gordon’s wines, una de las tabernas más antiguas de Londres, y tomamos una copa de vino tinto sudafricano; después nos fuimos a The Crypt, ese club de jazz que se encuentra en la cripta (subterráneo) de &lt;st1:personname productid="la Iglesia" st="on"&gt;la Iglesia&lt;/st1:personname&gt; de St Gilles, ahí cenamos y escuchamos una excelente banda de cool jazz; y por último, ya de vuelta en el centro, un club que no recuerdo su nombre -probablemente no lo tiene- que es un segundo piso (primer piso aquí) de unos departamentos viejos cuya sala la habilitaron con un bar, algunas mesas y un mínimo espacio donde la gente puede bailar. Capacidad: no creo que más de 30, pero siempre hay sobre &lt;st1:metricconverter productid="50. A" st="on"&gt;50. A&lt;/st1:metricconverter&gt; esa altura los temas se habían movido entre literatura y los futuros proyectos, por lo que repasamos con estos últimos, algunos pasajes históricos, siempre sensibles pero desde un lugar protegido y ajeno al juicio, que sólo deja provecho y reconciliación. Sí, como no, también hablamos de mujeres, y mucho. Ese día nuevamente nos dormimos tarde. El día sábado siguiente después de un &lt;i style=""&gt;bunch&lt;/i&gt; (desayuno más almuerzo) nos fuimos al Museo de Historia Natural, uno de los lugares que mi huésped deseaba visitar y recorrer. Después de ver cuanta piedra y hueso se puede imaginar, nos fuimos a cenar a un buffet indio y de ahí vuelta a casa. Ya que, como este camarada se regresaba a Belfast el domingo relativamente temprano, había que hacer una buena despedida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí se produce lo que yo llamo las esquinas. Habíamos programado con mis housemates, tal como se acostumbra aquí, con más de un mes de anticipación, una fiesta de inauguración de la casa. Y Johny, evidentemente coincidió. Cuando llegamos a la casa, mis housemates tenían todo ordenado. Fue increíble ver como hicieron en pocas horas lo que no habían hecho en dos meses. Pusieron la ampolleta que faltaba en el baño, paño de cocina y toalla limpia, jabón líquido en el lavamanos, hasta papel higiénico doble hoja para las chicas. Habían pasado por el Morrison’s, un supermercado muy barato, y habían comprado un cargamento de cervezas y botellas de vino y otras cosas; de comida, solo unas papas fritas y grisines, más humus para untar. Tony, por supuesto, encargó doce botellas de vodka por su cuenta. Daba ternura verlos nerviosos y expectantes de los invitados de cada quien. Ese había sido el trato. Cada uno invitaba a amigos y amigas para hacer un grupo común. Con Johny nos encargamos de la música, supuestamente pondríamos el tan preciado toque latino. Yo invité a Carmen, Max, Ale, Paula, Gaby más otros compañeros de universidad. Italianos y polacos fueron la sensación, aunque no tanto como las famosas eslovacas de la semana anterior. Cuando llegaron se produjo un silencio. Venían con una amiga más, tan linda como las dos hermanas. Como siempre, la cocina era el lugar de encuentro, y mientras le ofrecía vino blanco chileno, Vinay y John se pusieron en fila para presentárselas. Tony estaba en la sala con sus amigos, todos de comportamiento muy adolescente. En cambio los amigos de Vinay, la mayoría ingleses y arquitectos y uno que otro ex housemate, contrapesaron la buena onda de mis invitados. Johny era un anfitrión más. Él siempre encantador, apuesto y un inglés hablado con fuerte acento irlandés, aportaron buena parte del charm de la noche. Y aunque costó que prendiera el baile propiamente tal, lentamente, con la ayuda del influjo alcohólico de la nutrida oferta posible de encontrar en esa cocina – bar, las desinhibiciones fueron dando paso a cada vez más parejas, tríos y grupos bailando. Todo empezó como las 8pm y terminó como las 5am, con los últimos radiotaxis recogiendo a la mayoría de los fieles invitados que se quedaron hasta esa hora haciéndonos compañía y celebrando la nueva casa, esta nueva generación de housemates y agradeciendo lo bueno de la fiesta. Claro, ninguno de ellos, salvo Johny, puede entender como cada uno de estos procesos se va engarzando en mi circunvalada estructura y va generando chispazos de placer. Ese conjunto de placeres que vienen de antes de la fiesta, que se multiplicaron con la visita de mi amigo, que se intensifican con mi nostalgia, que se arremolinan todo el tiempo, más cuando es acompañado de amigos, los de siempre, como esos que extraño tanto o como Johny, y también estos nuevos que vienen llegando como una lluvia de meteoritos a explotar sobre mi atmósfera y dejar en mi cielo brillo y luminosidad (y se me aparece Nietzsche).&lt;/span&gt;&lt;/h4&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Empecé el &lt;st1:metricconverter productid="27 a" st="on"&gt;27 a&lt;/st1:metricconverter&gt; escribir y estoy terminando el 1. Ese 27 tan significativo para mí. Un 27 que es un portal que comunica mi pasado y mi presente. Y no casual, sino causalmente, las canciones del Ipod se han confabulado y entre tanta lluvia diaria, ese día me visitó una luna pequeña, incompleta, mostrándome su claridad conmovedora y también esas sombras, el misterio, de esta vida deseada que se me abre casi con desespero. Tengo, como alguna vez me dijera angelito, una sensación de melancolía pero que no es triste, es plácida y desbordante, es una melalegría.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-766879831458428384?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/766879831458428384/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/12/74271109.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/766879831458428384'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/766879831458428384'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/12/74271109.html' title='74.27.11.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-157462576451868532</id><published>2009-11-01T14:36:00.001Z</published><updated>2009-11-01T14:50:53.825Z</updated><title type='text'>47.31.10.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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Me dije –manos a la obra- y me senté frente al &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);font-family:Verdana;" &gt;laptop&lt;i&gt; en mi habitación. No hubiera habido canasto suficiente para recibir la cantidad de hojas arrugadas que hubiera arrojado tras juzgar de mamarracho cada &lt;/i&gt;intentus interruptus &lt;i&gt;de poema. Intuitivamente salí a caminar. Para ser más exacto, salí a volar. Salí de la isla y bajé por el continente sin más rumbo que el que me indicaba la luz de una luna moribunda de frío. El cielo empezó a desmoronarse de lluvia y decidí guarecerme al interior de una torre de un muro medieval. Luego me encaramé sobre él y recorrí parte del perímetro de esa otrora ciudad amurallada, dejando que esas nubes suicidas, lanzadas en picada al precipicio, me mojaran la cara. En ese mismo instante tuve la certeza que algún día esa agua llegaría al mar y una parte de mí con ella. Bajé hacia los templos y con grácil solemnidad eructé de placer por tan fantástico registro del arte y la imaginación humana. Vi decenas de caras de dios y de otros cuantos santos que ganaron su espacio a la derecha del padre matando y torturando en su nombre. Desde el alto de una cruz de oro miré al horizonte como si la tierra no tuviera fin y pensé que era hora de reunir fuerzas para continuar mi camino. Seguí, atravesé un puente, abracé un árbol y toqué una piedra antes de llegar finalmente al lugar donde comí y bebí entre gente que hablaba en otra lengua. Y como clímax de esta más que búsqueda, encuentro poético, me embriagué de esos sabores y colores mediterráneos al punto de llegar a decir en su misma lengua: Estic feliç. El poeta Floridor Pérez tenia raó. La poesia està fora i Catalunya és un poema. Moltes gràcies. Adéu i fins a sempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;o:smarttagtype namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="PersonName"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"&gt;&lt;/object&gt; &lt;style&gt; st1\:*{behavior:url(#ieooui) } &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:35.4pt; 	mso-footer-margin:35.4pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Había sido una semana frustrante. Pensaba y se me llenaba el corazón de ansiedad por controlar este nuevo entorno, no sé si de la mejor manera pero al menos como lo hacía en mi país. ¿Es que cada día tendré que darme ánimo para resistir esta posición desventajosa? Estoy seguro que es transitorio y que al final del camino no será más que una anécdota, pero no es fácil vivir el día a día con la fuerza de la mera ilusión de la seguridad del futuro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Tomé la decisión de refugiarme en el templo de la danza, como tantas otras veces, aunque esta vez no sería la biodanza propiamente tal, pero sí sus diosas madres y hermanas que habitan en Barcelona. Acepté entonces su invitación a pasar unos días por allá. Viajar en Europa puede ser extremadamente barato, especialmente en aerolíneas como Ryanair o Easyjet, que pueden cobrar precios irrisorios por vuelos en horarios poco comunes, sin asignar asiento, sin ofrecer a bordo ningún servicio gratuito y usando aeropuertos secundarios normalmente fuera de las ciudades de destino. Esta vez no fue la excepción y encontré una oferta muy ventajosa de un vuelo que llegaba a Girona, una ciudad pequeña al norte de Barcelona. Me pareció estimulante la idea de conocerla y pasar allí un día antes de llegar a casa de Elena, donde me alojaría en Barcelona. No pudo ser más atinada la idea. Y ya debí habérmelo imaginado cuando la noche que llegué a Girona, sin tener cómo llegar al albergue donde había reservado y estando todo cerrado, un chico portugués me regaló un mapita turístico en un folleto promocional. Es más, la señal ya vino antes, cuando a bordo del avión me senté al lado de Miriam, una hermosa gerundense avecindada con su novio australiano en Londres, con quien hablamos todo el viaje, entre otras cosas, de lo mucho que podía hacer ese día en su Girona natal, todo lo cual aplicadamente apunté en mi bella libretita regalo de la poeta Rosicler.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Tras hacer el &lt;i style=""&gt;check in&lt;/i&gt; en la hostal me fui derecho al &lt;i style=""&gt;Le Bistrot&lt;/i&gt;, un restaurante que me habían sugerido. Ya lo estaban cerrando, por lo que ya no preparaban cenas, pero me ofrecieron a cambio &lt;i style=""&gt;pizzes de pagès&lt;/i&gt;. Con hambre no hay capricho que valga así que acepté y elegí una que me pareció deliciosa, y no me equivoqué: &lt;i style=""&gt;Pizze formatge, brandada i figues&lt;/i&gt;. La &lt;i style=""&gt;pizze&lt;/i&gt; es una rebanada de un pan especial, el &lt;i style=""&gt;pagès&lt;/i&gt;, y sobre ella, en este caso, le pusieron queso, la &lt;i style=""&gt;brandada&lt;/i&gt; que es a base de bacalao y papa, y el toque especial de los higos. Un bocadillo de esta envergadura sólo podía ir acompañado de un buen vino y tampoco me equivoqué en la elección, pedí un vino de la zona, el Raimat, &lt;i style=""&gt;negre&lt;/i&gt; (tinto). Me regresé contento por esa ciudad de piedra a la pieza multitudinaria de la excelente hostal donde me alojé. Todo seguía miel sobre hojuelas. En la mañana, temprano como de costumbre, bajé con mi mochila presto a recorrer esa ciudad e incluso podría alcanzarme el tiempo para dar un paseo por algún pueblecillo de la costa brava. Sin embargo, me preparaba el desayuno cuando tras preguntarle algo doméstico a una chica de la hostal me contestó con tal amabilidad y simpatía que no fue extraño terminar compartiendo el desayuno y una conversación amistosa e interesante. Se trataba de la administradora del lugar y hasta ahora la única que le ha apuntado a mi edad entre otras rarezas, de hecho, después de un buen rato cuando le pregunté su nombre me dijo – Laia (en inglés suena algo así como mentirosa), tras un breve silencio ambos reímos. Me quedó dando vuelta esta Laia y esa conjunción de buenos eventos que ya llevaba a mi haber, hasta que por supuesto, nacieron unos versos. Hacía mucho que no salía alguno así de modo casi reflejo y decidí escribirlo en el libro de visitas de la hostal pero en una hoja antigua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Salí entonces a conquistar esa ciudad seductora. Pasé por la oficina de turismo y diseñé el recorrido. Todo iba bien. Caminaba por una muralla medieval intacta que rodea un borde de la ciudad cuando comenzó a llover torrencialmente. Con gusto había dejado el paraguas en Londres así que poco pude avanzar. Pero lejos de amilanarme continuaba en la medida de lo posible. Entré a la catedral y su museo, luego a unos baños árabes antiquísimos, crucé la calle Bellaire y me senté en unas bancas barrocas, primero en la plaza John Lennon y luego en &lt;st1:personname productid="la Federico Fellini" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Federico" st="on"&gt;la Federico&lt;/st1:personname&gt; Fellini&lt;/st1:personname&gt; (no podía ser más para mí), y admiré cómo una arquitectura maravillosa está en perfecta armonía con los colores de una naturaleza arrojada. A esa altura me dio hambre y como lo hace mi amiga Georgette, ¿para qué innovar si me puedo ir a la segura en Le Bistrot? Me senté en otro lugar y desde ese ángulo me percaté que se parecía al Normandie de calle Providencia en Santiago de Chile. Estaba en eso cuando se acerca la garzona y apenas le hablé me dijo - ey! eres chileno. Ella era catalana pero casada con chileno así que la atención fue aún mejor. En son de ahorro no quise mirar la carta así que tomé el menú que ofrecían y que se veía igualmente apetitoso. &lt;i style=""&gt;Primers plats: muscles al vapor amb salsa romesco&lt;/i&gt; (choritos al vapor en una salsa típica a base de tomate, pimiento rojo, ají, entre otros ingredientes). &lt;i style=""&gt;Segons plats: Magret d’ànec amb salsa de verdura i ametlla&lt;/i&gt; (magret de pato en una salsa oscura compuesta por zanahoria, puerro, judías (porotos) verdes y otras verduras, más almendras y acompañado de arroz. &lt;i style=""&gt;Postre: Magrana amb salsa de vi&lt;/i&gt; (granada en salsa de vino). Para beber, el mismo criterio, otra vez Raimat &lt;i style=""&gt;negre&lt;/i&gt;. Me quedé bastante tiempo ahí. Decidí no salir de Girona y seguir recorriendo hasta la hora de mi tren a Barcelona. Una vez afuera no llevaba muchas cuadras cuando ya estaba empapado con la lluvia. Estaba claro. Hasta ahí se me mostraba Girona esta vez. Volví a la hostal y conversé con Laia un momento hasta que me sequé lo suficiente para continuar camino a la estación de trenes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;No hay como comer chocolate cuando ha llovido y mejor aún si vas mirando el paisaje bucólico de Cataluña desde la ventana del vagón, hipnotizado además por &lt;st1:personname productid="la Obertura Fantas￭a" st="on"&gt;la Obertura Fantasía&lt;/st1:personname&gt; de Romeo y Julieta de Piotr Ilich Tchaikovsky en el I Pod.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;En la estación de Sants me esperaba mi querida amiga Elena. La había conocido en Santiago, haciendo Biodanza en Pirque, a través de otra buena amiga en común, Valeria. Como pueden ver, entre amigos y amigos de amigos, se recorre el mundo. Elena conoció conmigo Santiago y Valparaíso, y yo aunque conocía Barcelona, pude volver a caminarla pero esta vez no de &lt;i style=""&gt;guiri&lt;/i&gt; (turista típico) sino con el relajo que da la buena compañía de esta vasca asilada en tierra de Bacallá (bacalao) y escalivadas (delicioso plato elaborado a base de berenjena y pimiento rojo y aliñado con sal, aceite de oliva y vinagre).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Esa noche cenamos en el &lt;i style=""&gt;Lolita&lt;/i&gt;, una estilosa cadena de restaurantes bastante buenos, unos exquisitos platillos a base de pescado y acompañados de otro buen vino. Al día siguiente después de una charla de horas caminamos por las Ramblas, almorzamos en el &lt;i style=""&gt;Ra&lt;/i&gt;, tras el &lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Mercat de Sant Josep/ &lt;st1:personname productid="La Boquer￭a. Recorrimos" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="La Boquer￭a." st="on"&gt;La Boquería&lt;span style="font-style: normal;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; Recorrimos&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; todo esa parte del centro de la ciudad apreciando sus plazas, iglesias y edificios, especialmente algunos &lt;/span&gt;Art Nouveau&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;, mis favoritos. Y fiel a su naturaleza -ya lo dije que el viaje se estaba mostrando dulce- Elena me llevó al &lt;i style=""&gt;Papabubble&lt;/i&gt; una tienda donde hacían caramelos artesanales. Ahí en la &lt;i style=""&gt;carrer &lt;/i&gt;(calle)&lt;i style=""&gt; Ample &lt;/i&gt;nos deleitamos con el proceso, los colores y el sabor de las degustaciones de esas almohaditas de anís o las clásicas naranjitas, pero por sobre todo por el cariño con que amasaban esas golosinas esa pareja de chicos, él catalán, ella mexicana. De ahí caminamos de extremo a extremo, yo aburriendo a Elena con preguntas sobre cada detalle de la ciudad y el &lt;i style=""&gt;català&lt;/i&gt;, pasamos por el colegio de arquitectos, donde están esos diseños de Picasso que me gustan mucho, al frente de &lt;st1:personname productid="la Catedral" st="on"&gt;la  Catedral&lt;/st1:personname&gt;, y llegamos a un café donde estaba María Rosa, la “madre” del grupo y también Lola, la otra “madre”. A la primera la había conocido en Santiago, de la misma manera que Elena, pero en otro momento. En esa oportunidad, recuerdo con gracia como junto a Vicky, Rosa, Jose y Chana disfrutaron de &lt;st1:personname productid="La Piojera" st="on"&gt;La Piojera&lt;/st1:personname&gt; y el Mesón Nerudiano, un contrapunto interesante de reconocer en un mismo día; del terremoto (vino blanco (pipeño) con helado de piña) y sus réplicas al vino tinto reserva; del cantor popular a la música de Georges Brassens interpretada por Eduardo Peralta; y desde la conversación encantadoramente absurda de un pescador iquiqueño borracho y de paso por Santiago al casi monólogo de Luis Vera, dueño del “Mesón”. Con Elena llegamos a ese café porque María Rosa y Lola, cual sacerdotisas, organizaban el rito de matrimonio de Joan un amigo de todas ellas. Fue un gusto compartir una entretenida conversación con esa gente querida al alero de una sorprendente cerveza Moritz. Joan me invitó la cerveza. Pero era muy temprano para volver a casa, de modo que invité a Elena a otra birra en &lt;st1:personname productid="la Rambla" st="on"&gt;la Rambla&lt;/st1:personname&gt; del Raval y así aprovechar de disfrutar esa estatua tan paranormalmente familiar para mí, “el gato de Botero”. Y por supuesto las cervezas por deliciosas que sean se suben a la cabeza, Elena me dijo, estoy medio &lt;i style=""&gt;piripi&lt;/i&gt; (emborrachada) así que comamos algo antes de irnos al piso, su casa. Y como no, fuimos por unos &lt;i style=""&gt;pintxos&lt;/i&gt; al &lt;i style=""&gt;Irati&lt;/i&gt;, una taverna vasca, excelentemente atendida por una chica catalana de cara, otra vez, muy dulce.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Al día siguiente &lt;i style=""&gt;cogimos&lt;/i&gt; la moto de Elena sin antes tratar de conseguir por medio Barcelona un casco que diera con mi cabeza. Una vez lograda la tarea y después de otro extenso desayuno- almuerzo bien conversado (Elena preparó una ensalada extraordinaria acompañado de un aderezo exquisito de aceite de oliva, aceto y miel), nos fuimos al Park Guell a disfrutar de la obra de Gaudí. De ahí en el Paseo de Gracia, seguí disfrutando de esa portentosa arquitectura, entramos a una librería y finalmente nos juntamos con unos amigos de Elena. Ellos eran Fer, una chilena arquitecto radicada allá, su marido catalán y su simpática hijita que balbuceaba un dialecto mitad castellano y mitad catalán. Me dio mucho gusto escuchar a este padre orgulloso de que gracias a la crisis le habían acortado un cuarto su jornada (y su sueldo) y con eso podía ir a la guardería por su hija y compartir toda la tarde con ella. Ellos nos invitaron unos ricos y dulces helados de tradición catalana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;La última noche sería una celebración como corresponde, comiendo, bebiendo y disfrutando de la vida con todas estas amigas en pleno. No había que buscar mucho, ellas decidieron por el Rosat’s, su lugar habitual de aquelarre y también se encargaron de pedir lo necesario: Vino blanco esta vez más jamón ibérico, patatas bravas, torradas de pan &lt;i style=""&gt;amb tomàquet&lt;/i&gt;, queso manchego, carpaccio de &lt;i style=""&gt;bacallá&lt;/i&gt;, sepia (parecido al pulpo) y una amanida (ensalada) catalana a base de un sofrito de garbanzos, espinaca, piñones y pasas. Junto con Jose, un hombre de una dulzura y simpatía extraordinaria, éramos los únicos varones compartiendo una mesa generosa de mujeres potentes y suaves a la vez, como el agua que sacia la sed y apaga el fuego pero que luce cristalina y se escurre entre los dedos. Todas ellas eran dos a la vez; María Rosa, la madre dulce y sensual a la vez, sabia por vocación; Rosa, intelectual, de voz profunda y femenina a la vez, delicada y elegante por naturaleza; Vicky (yo lo escribo así), también intelectual, encantadoramente cándida y perspicaz a la vez, amante silenciosa del placer. También estaban Lola y Olga, que recién las conocía pero que podría aventurar que ellas son una a la vez, y que la primera es cabeza y espíritu a la vez, y la segunda es víscera y mente a la vez. Por último Chana, chilena, pareja de Jose, con su sonrisa profunda de ojos sobrenaturales y terrenales a la vez; y mi querida Elena, más que una hermana y una mujer a la vez. Así fue esta mesa redonda de no-caballeros, mucho más que materia, el hogar desde su concepción calórica, el poder y el útero, cuerpo y espíritu, deseo y realización, hechos y potencial, belleza y sabiduría. Todo a la vez. Me sentí muy a resguardo en ese vientre femenino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;El último día habíamos programado con Elena ir a Sitges, un &lt;i style=""&gt;lovely&lt;/i&gt; pueblito catalán. El día estaba soleado, de hecho en la playa había más de alguna guapa tomando sol en topless. Caminamos por esas callejuelas, escuchamos en una de ellas una guitarra española excepcional, y me anestesié con ese Mediterráneo calmo y viejo. El resto fue conversar y comer. El almuerzo fue frente a la playa, con una buena cerveza degustamos tapas de anchoas, aceitunas, patatas bravas y pulpitos. Luego, más allá, un helado, y más allá, cerca de la calle del pecado, un buen café. Volvimos relativamente temprano, ya que había decidido volver a Girona y pasar la noche allá. Tenía el vuelo en la mañana y no quería pasar ninguna zozobra con algún eventual atraso del tren. Nos despedimos con Elena con un abrazo fundido de cariño y felicidad por haberse encontrado y compartir parte del camino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Esa noche que parecía moriría temprano fue la rúbrica de oro de un viaje muy especial. Llegué a Girona al mismo albergue y me encontré con Laia nuevamente. A esa altura del partido y del día no quedaba otra que ir por algo de comida y una buena conversación. Pero antes, ya me lo había sugerido Miriam, la chica del avión, fuimos a pasear por las &lt;i style=""&gt;Fires de Sant Narcis&lt;/i&gt;. Quizás la más importante actividad de esa ciudad. Las plazas con stand de comidas y artesanías y el Parque de &lt;st1:personname productid="La Devesa" st="on"&gt;La  Devesa&lt;/st1:personname&gt; con juegos y entretenciones del tipo desde “tiro al blanco” hasta “montañas rusas”. Pese a lo llamativo de todo eso finalmente decidimos ir a un lugar más tranquilo y, aunque nos tentamos con &lt;i style=""&gt;Le Bistrot&lt;/i&gt;, era la ocasión de probar otro lugar. &lt;i style=""&gt;Lapoma&lt;/i&gt; fue el destino (La manzana). Ahí como si nos conociéramos de la vida reímos, conversamos de todo-un-cuanto-hay y comimos delicioso: &lt;i style=""&gt;croquetes de ceps&lt;/i&gt; (setas); &lt;i style=""&gt;triangles de blat and brie&lt;/i&gt; (triángulos de maíz con queso brie y salsa de mango); y &lt;i style=""&gt;coca fresca de pasta de full amb bacallà fumat, toronja i vinagreta&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de romaní&lt;/i&gt; (una masa rellena de bacalao ahumado, naranja y vinagreta de romero). El turno de la cerveza fue para una Voll-Damn. Muy buen final. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Me dormí con la convicción de que en este viaje había consolidado una gran amistad, acrecentado otras y parido una nueva. Y antes de quedarme enredado entre los jirones de alguna figura “animalesca” de Gaudí, tomé el avión de regreso a este Londres oscuro y multipotencial, que es finalmente mi hogar dulce hogar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Esta noche es Halloween y es solo un dato. En las calles angostas de Londres corren los buses con sus segundos pisos casi rozando los tempraneros adornos navideños. En el reporte de &lt;st1:personname productid="la BBC" st="on"&gt;la BBC&lt;/st1:personname&gt; leo que la puesta de sol fue a las 4:36pm. Este sábado, tras una madrugada lluviosa, fue un día soleado. Y aunque me quedé en casa desde temprano, si es que así se le puede decir, disfrute del calor del día. Nuevamente tuve ganas de escribir, esta vez esta bitácora, pero ya no fue tan difícil hacerlo. Recordé a Floridor y sólo transcribí la poesía que experimenté en Cataluña. La poesía del comer, del beber, de apreciar la belleza de una ciudad, la arquitectura, su cultura, una lengua. La poesía de la mujer. Creí que mi mente estaba en mi cabeza y que la poesía que ebulle de ella la encontraba en mi pieza frente al computador. Pero mi mente abraza a través de los sentidos, y el mundo aunque lo sueñe y mi mente se haya expertizado en aquello, requiero vivirlo, sensual e impúdicamente, sólo así es posible escribirlo, sólo así es posible vivir. Vivo luego escribo. Escribo luego existo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-157462576451868532?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/157462576451868532/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/11/47311009.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/157462576451868532'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/157462576451868532'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/11/47311009.html' title='47.31.10.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-1860881992094803622</id><published>2009-10-16T23:10:00.003+01:00</published><updated>2009-10-16T23:31:01.013+01:00</updated><title type='text'>31.15.10.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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Me pareció haberme dormido mientras iba en un tren hacia el sur de Londres. Al frente mío un hombre anciano. Esmeradamente vestido pero con ropas de moda probablemente hace 30 o 40 años atrás. No era calvo pero tenía poco pelo, mayoritariamente cano, y lo peinaba hacia atrás. Tenía la cara alargada, unas orejas prominentes y abiertas, sus pómulos desvencijados hacían juego con su rictus. Lo observé disimulada pero acuciosamente. Me recordaba algo o alguien. No sé en qué momento apareció en ese asiento del frente, de esos que suelen tener los trenes. Me percaté que pronto lo venció un sueño nervioso, se despertaba en cada parada de estación y reintentaba el proceso de dormir una y otra vez. Quería descansar y cerraba los ojos con fuerza, los apretaba arrugando el ceño, y con eso su cara ganaba una mayor expresión de preocupación, de peso, claramente se le dificultaba conciliar el sueño.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Todo partió un jueves. Ese día no tengo clases pero fui a la biblioteca a leer los numerosos textos que debo preparar. En la tarde había una exposición de un estadounidense de origen iraní que estaba a cargo de una empresa que gestionaba redes de profesionales jóvenes para trabajar en desarrollo. Asistí y me senté en primera fila. Más que interesarme el tema propiamente tal, me interesaba practicar mi oído con diferentes tipos de inglés. Al lado mío se sentó una nigeriana hermosísima, estaba muy bien arreglada, lucía un vestido en tonos claros, veraniego diría yo, con flores que hacían juego con el maquillaje y unas pestañas extremadamente largas y a la vez contrastaban con su piel negra y brillante. Hacía un master en derecho comparado. Al poco conversar me di cuenta que era una mujer muy inteligente y de carácter fuerte. Parecía hecha y derecha sin embargo tiene 23 años. Al final de la sesión se me acercó una chica esta vez muy blanca y colorina. También hermosa pero no tanto como Funmi, la nigeriana (es la abreviatura de su nombre irreproducible). Le había llamado la atención mi acento en una pregunta que había hecho. Me preguntó si hablaba italiano o español. Su nombre es Linda, irlandesa y realizaba su doctorado en estética. Conversamos un poco más que lo que se podría conversar en una situación como esta. Teníamos algunos intereses comunes, le preocupaba la ética en las organizaciones tal como a mí, pero lo que sin duda fue un gancho recíproco, era el interés por mejorar a través del otro nuestro idioma de interés. De este modo a partir de hoy jueves, una semana después, iniciamos nuestras sesiones de intercambio. Media hora español y media hora inglés. Linda hace mucho tiempo que está fuera de su casa, nació cerca de Cork al sur de Dublín, en el campo, estudió en la capital, estuvo un tiempo en España y ahora hace sus estudios en Londres. Toda una vida para sus recién cumplidos 24 años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;En una suerte de feria para mechones en UCL (&lt;i style=""&gt;freshers&lt;/i&gt; le llaman) hubo una oferta interminable de invitaciones a diferentes sociedades, desde las más clásicas hasta unas verdaderamente extrañas, como una que reclutaba interesados en reacondicionar objetos cotidianos y transformarlos en piezas de museos. No había un solo stand de los aproximadamente 100 del lugar que no tuviera inscritos. Yo me anoté en varios: Hiking y caminatas, músicos, poetas jóvenes, lengua española, música clásica, museos, pintura, cine, libros, etc. En todos puse mi orgulloso email de la universidad &lt;a href="mailto:juan.moreno.09@ucl.ac.uk"&gt;juan.moreno.09@ucl.ac.uk&lt;/a&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;(Los ingleses no usan el apellido materno por lo que piensan que el último nombre que ven corresponde al único apellido. Por supuesto que no quise cambiarlo, como mínimo homenaje a mi madre).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;La sociedad de caminata y Hiking fue la primera en reaccionar y ya el mismo fin de semana tenía organizada una actividad para cada día. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;El sábado una caminata relajada. Hicimos un circuito desde la universidad, pasamos por el Hyde Park, Green Park y St. James Park (donde están las sillas de playa de la foto que tomé tres años atrás titulada “en Londres me espera una silla”). Pasamos por al lado del Buckingham, del Westminster y su Big Ben, el London Eye, Jubilee Gardens y terminamos como corresponde en Covent Garden Market con una cervecita refrescante. Como conocía estos lugares, al principio me entretuve contrastando el recorrido con un buen mapa que adquirí y que me ha permitido ubicarme bastante bien en Londres. Después se me acercaron dos francesas, una de Paris y otra de Marsella, conversamos una parte del paseo sobre cuáles eran sus ideas de investigación, una en el ámbito de la ingeniería, otra en el derecho. Me llamó la atención el compromiso público de su propósito de estudio. La conversación se difuminó cuando una de ellas,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pensando que era español, me dijo en un castellano graciosamente afrancesado – Yo no sé español, sólo sé decir, hola, como estás, yo tengo 19 años. Hicimos una parada para comer algo. Cada uno debía llevar su comida. Yo llevé un yogurt líquido, un plátano y una manzana verde. Me senté junto a unas estadounidenses debajo de un monumento a unos soldados caídos en alguna de las tantas guerras. Una estaba haciendo un postgrado en sicología, otra en ciencia política y la otra estudiaba literatura inglesa. Encantadoras y de conversación muy fácil. Salvo un paréntesis que hice intercambiando algunas frases con Ryan el presidente del grupo y con un rumano que estudiaba informática, &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;nos fuimos con estas gringas &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;todo el camino  exponiendo las ideas y sueños que nos habían llevado hasta allá. Y al igual que Linda tenían una fascinación especial por el castellano. No hablaban mal pero requerían práctica. Así que ni tonto ni perezoso les ofrecí intercambio. Las tres aceptaron. Al final del paseo, en las cervezas de covent garden, se nos sumó Ryan, un búlgaro y Napoleon, un griego muy amistoso que me simpatizó de inmediato, especialmente cuando me dijo que yo debía “estar” (en inglés “estar” también es “ser”) en el Meditárraneo y porque repetía permanentemente tras algo que le pareciera acertado – brava, brava. Terminamos conversando de política internacional. Eran bastante críticos y profundos todos y cada uno en sus comentarios. Me cayeron bien las gringas, la menor tenía 21 y la mayor 24.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;(Mientras escribo comienza a sentirse un viento con mucha personalidad, silba, se arremolina, se mete por hendiduras de puertas y ventanas y alcanza cada recodo de esta casa inmensa como el mundo. En el IPod suena la maravillosa “Suite: Clouds, Rain” de David Gates).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Ese mismo día pasé rápidamente al Sainsbury’s de mi barrio. Tenía invitados a cenar a Max y Carmen. Era una cena a lo inglés, a las 7:00pm. Cociné una de mis &lt;i style=""&gt;espacialidades&lt;/i&gt; -el error es voluntario- ya que es un invento volado creado en algún episodio santiaguino de “bajón de hambre”. El menú consistió en: Aperitivo, aceitunas con ají y fondos de alcachofas asados y trozados para servirlos con mini tostadas. Max me aceptó una cerveza, Carmen jugo de mango. El plato principal fue “la flor de belairasia”. Arroz con bastante curri al centro del plato y rodeado de una preparación compuesta por frutos del mar (trozos de pulpos, camarones, ostiones y machas) y frutos de la tierra (trozos de zapallo italiano, pimentón verde, rojo y amarillo, cebollín y tres tipos de ají). Además un bowl con ensalada de lechugas y tomate. Max trajo un vino francés delicioso. Cenamos temprano porque después nos fuimos a ver el partido de la selección chilena al &lt;i style=""&gt;Latin Corner Pub&lt;/i&gt;. Pese a que estaba atestado de colombianos, los dueños del bar y el público mayoritario, los locales en el fútbol y los perdedores también, todo el mundo terminó bailando y celebrando la clasificación de Chile al mundial. Llegaron también Alejandra y Gaby, las chilenas que había conocido a través de la beca, que a su vez llevaron a dos chilenas más, la madre de Gaby y su compañera de doctorado en Nottingham. Éramos la bancada chilena. También fueron Georgina, la mexicana amiga de Carmen y Mauricio, el colombiano simpático del empanadazo en casa de Carmen, con su novia alemana-turca. Terminamos muy tarde, como ya empieza a ser tradición, en un kebab.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Al otro día yo continué con mi hiking al sur de Londres. Salimos de Victoria Rail Station hacia Boxhill, a unos 50 minutos en tren. Si bien el paisaje podría no ser tan distinto a otro semicordillerano, recordé vívidamente mi cajón del Maipo, y no sólo por la traducción del nombre. Debo reconocer que no era el mejor estado para subir y bajar cerros por cerca de 5 horas. Napoleon ya no me dijo –brava, brava- cuando se lo comenté. A decir verdad tampoco estaba de ánimo de hacer esfuerzo por comunicarme. Pero sin proponérmelo, al ir con mi gorra de Brasil, muchos se me acercaron a preguntarme si era de allá. Todos estudiantes de distintas carreras, todos entre 19 y 23 años. Pero hubo un chico que desde un inicio me llamó la atención porque andaba con una cámara inocultable tomando fotos a los participantes en cada momento: subiendo, bajando, comiendo, cansado, riendo, saltando, etc. Kuba (diminutivo de Jacob en polaco) lleva dos años en Londres y viene de un pueblo al norte de Varsovia. Estudia matemáticas, física y astronomía, pero vibramos hablando de poesía y de cómo es posible integrar en el lenguaje mundos tan aparentemente concretos con otros tan aparentemente abstractos. Para poder pagar sus estudios trabaja en Waterstone’s, la librería, y además hace un sinnúmero de cosas que lo hacen un tipo muy interesante y especial. Respiré cuando me dijo que a él le tomó tres meses sentirse cómodo con el inglés. Ya me lo había dicho Clara parafraseando a Isabel Allende: &lt;i style=""&gt;es difícil parecer inteligente en otro idioma&lt;/i&gt;. Este chico “vivido” e inteligente en otro idioma no tiene más de 25 años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;El lunes quería descansar. Sin embargo Kuba me invitó a su casa porque celebraban el cumpleaños de su novia. No pude decir no. Llevé un vino chileno que apreciaron bastante. Gente muy amable, conversadora, amantes del arte y algunos del castellano. El que sea de Chile en general les parece &lt;i style=""&gt;cool&lt;/i&gt; (con una C que suena más bien como K y muy marcada). La convocatoria era tan mayoritariamente polaca como joven. La cumpleañera celebraba sus 21.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Esta última semana ya no me he sentido tan &lt;i style=""&gt;outsider&lt;/i&gt;. Dejé de ser el personaje de Murakami de los primeros días. Suelo ir a la biblioteca entre mis clases y observar a la gente que entra y sale. Me gusta reconocer esas bandejas con diversidad de frutos que hay fuera de los supermercados locales y empezar a hacerlos propios, cotidianos. Todas esas etnias, formas y colores, componen un cuadro hermoso. El miércoles fui a almorzar con Laura una italiana del sur que me dice papá porque ella está recién en sus 24. Además, sumé un nuevo intercambio con Samantha, una inglesa de pelo casi blanco y ojos puramente azules, con acento londinense y con muchas ganas de redimirse con el castellano, después de haber reprobado sus ramos en la carrera de literatura hispana. Hizo después una segunda carrera y es mi compañera en el Master. Quiere dedicarse a la política internacional aunque ama hacer radio como DJ. Sam tiene 23. Por último el miércoles en la noche fui a ver el partido de Chile con Ecuador en un local llamado &lt;i style=""&gt;Sport&lt;/i&gt; ubicado muy cerca de Trafalgar Square y &lt;st1:personname productid="la National Gallery." st="on"&gt;la National Gallery.&lt;/st1:personname&gt; Ahí, de pie en una barra, junto a Iván un ecuatoriano y Bruno un peruano, ambos estudiantes de economía, figurábamos en medio de un tremendo local empapelado de plasmas con todos los partidos del mundo que se estaban jugando en ese momento, además de otros televisores con carreras de autos y otros deportes. Todo muy de niñitos hombres.&lt;i style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Hoy es el cumpleaños de mi madre. No puedo dejar de recordar, y ahora más, cómo por tanto tiempo hice gala de mi fe ciega de hijo pródigo. Hasta avanzada edad le creí a &lt;i style=""&gt;pie juntilla&lt;/i&gt; que tenía 25. Debí haber aprendido que no es buen negocio inmiscuirse en cálculos de edad y otros menesteres afines. Y mientras pienso en que me gustaría abrazarla y desearle la felicidad que merece, tampoco he dejado de pensar en ese anciano del tren y en lo que su vida le ha endosado, de modo tal que le sea tan difícil estar en paz. Yo; aunque la vida me haya implantado en este mundo prácticamente dos generaciones menores a mí, aunque tenga que desarrollar nuevas habilidades para jugar bien en estas canchas donde todos corren más veloz y se cansan menos, aunque deba no sólo tolerar sino aprender de sus conversaciones y vivencias, y aunque en esa tarea me vale no sólo mejorar mi inglés sino también otros lenguajes universales; me siento afortunado, felizmente desafiado, a tal punto que podría asegurar que a diferencia del viejo no me será difícil cerrar estos ojos ávidos de abrirlos al mundo. Sí, abro los ojos, abro los ojos, abro los ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;Nuevamente el IPod, esta vez Piazzolla y su Adiós Nonino. Me sonrío y grabo el texto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153);font-family:Verdana;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-1860881992094803622?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/1860881992094803622/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/10/31151009.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/1860881992094803622'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/1860881992094803622'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/10/31151009.html' title='31.15.10.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-1371944789757038700</id><published>2009-10-07T11:27:00.001+01:00</published><updated>2009-10-07T11:29:21.289+01:00</updated><title type='text'>22.06.10.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Verdana; color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Verdana; color: rgb(102, 102, 102);"&gt;El ego que va en busca de su desapego, se encuentra cara a cara, frente al espejo, mueve su boca y hace gestos, pero no entiende, escucha pero esos sonidos no significan nada. De pronto se le frunce el rostro. El idiota balbucea pero ni siquiera eso es inteligible.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una semana de recuperación de la gripe y de cambio de casa. El jueves ya pasé la noche en 4 Fortnam Road, a cuadras de Archwell por Holloway Road, Islington. Había pasado a comprar a Next Home, una tienda especializada en muebles y decoración de hogar pero con el estilo y el diseño local. Es decir, mucho dorado y volumen, floreado bien exagerado y telas peludas. Ahí compré un plumón, un cojín, dos almohadas y una sábana. Sí, textual, fue increíble que sólo vendieran la de abajo. Me acordé de Hahn y su “sábana de arriba”, a mí me hacía falta pero estaba solo y mi pieza aún es como un desierto. Ese día también compré algunos textos en Waterstone’s, así que finalmente decidí pedir un radiotaxi para cargar todo, incluido todo mi equipaje. Me llevó un chipriota con ya casi 30 años de estada por acá, muy simpático y singular, y con un –diría- orgulloso pero difícil-de-seguir acento árabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la noche nos fuimos a cenar con Carmen a modo de despedida. Comimos en un restaurant vietnamita, delicioso y muy barato, ubicado en Shoreditch, un barrio que se ha convertido en un ícono de la bohemia y juerga alternativa. De ahí nos fuimos a un bar para juntarnos con Max que venía de una cena de negocios. El bar era el Kick, tradicional, con taca-tacas, televisores y muy amplio para albergar las hordas de fanáticos que ahí se reúnen para apreciar una de las máximas invenciones de este pueblo: el fútbol. Carmen tomó su clásico jugo de tomates; Max, haciendo gala de parisino y buen bebedor, su concentrado de licor de anís con la correspondiente jarra de agua; y yo, esta vez, sólo una diet coke con bastante hielo y una rodaja de limón.&lt;br /&gt;El viernes fueron los drinks de bienvenida en UCL. En mi departamento, ciencia política, estuvo regada la cosa. Con mucha participación de estudiantes, profesores y administrativos. Para mi sorpresa, y en medio de un hacinamiento propio de los lugares donde se expende alcohol gratis, se sube a una mesa un flaco desgarbado, en sus 40, que si hubiera tenido pelo largo y no dejara entrever deliberadamente sus calzoncillos Calvin Klein, habría asegurado que era una versión posmoderna de Nito Mestre, y lanza un speech  hacia el público tan generoso en buenas maneras como gotas de saliva. Ahí se fue armando un grupito de compañeros que decantó en la última bienvenida del día, la del Centro de Alumnos (la directiva tiene año sabático), donde continuamos con el licor de elección para estas ocasiones, vino blanco, pero en vaso. Se dio lugar una muy entretenida y divertida conversación de temas varios pero sin faltar nunca el ya recurrente tema de las costumbres y formas del lenguaje de cada uno de quienes convivimos en esta Torre de Babel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y llegó el sábado. Como ando acelerado no fue este día la excepción para estar despierto antes de las 8. Pero estaba bien ya que ese día era el ya tradicional “empanadazo” que Carmen organiza año a año para sus amigos no-chilenos. Una suerte de 18 chico en Londres y en el flat de Max y Carmen. Así que manos a la obra, entre los tres preparamos ensalada a la chilena, un suculento y enchilado pebre, su buen pisco souer y las susodichas empanadas. Los invitados comenzaron a llegar a las 2 de la tarde. Yo, obviamente, era el barman, aunque también ayudé a amasar. Nos pidieron música chilena para bailar, así que procedimos a las cumbias, rancheras y merengues que aparecían en las selecciones de música chilena de los buscadores de Internet. En esa dinámica de conversar, reír, comer y bailar cayó la noche como cierre de telón de una jornada memorable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El domingo fui de compras al Sainsbury, desde ahora mi súper. El objetivo era aperarse de los insumos para los desayunos de la semana: cereal, té verde, jugo de naranja, leche descremada, pan negro de molde, paltas, plátanos y manzanas verdes. Decidí salir a caminar e ir al café de estos turcos curdos que conocí cerca de Highbury Park. Era un lugar perfecto para trabajar en el computador, conectado a Internet, ya que en mi casa está cortado por no pago de los anteriores arrendatarios, y disfrutar de una soleada-pero-no-tanto tarde dominguera. Ahí estuve, toda la tarde, registrando ramos, acreditándome en cuanta cosa, leyendo papers y hasta solicité mi Oyster de estudiante (la tarjeta BIP). El dato freak es que conocí a unos chilenos de la alta alcurnia y el dato top, es que cuando ya cerraban y era el último en quedar, no me dejaron pagar el escaso jugo que había consumido (de manzana, zanahoria y jengibre) y además me regalaron un panecillo dulce. Bueno, además de la generosidad de esa maravillosa gente, he empezado a disfrutar del estatus de estudiante y todo lo que eso produce en mis interlocutores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la noche, Vinay había organizado unos drinks de bienvenida de la casa. Fuimos los 4 roommates a un pub del barrio. Él es el antiguo del grupo, por lo que ello constituye grado aunque él intente permanentemente evadir dicha autoridad. Es el serio y es muy notorio cuando quiere hacer una broma. Hijo de padres nacidos en Kenia y avecindados en India mucho tiempo, él nació en Londres. Es más bajo que yo, usa la cabeza al cero para esconder su calvicie prematura, tiene unos anteojos similares a los míos, nariz persa, barba incipiente y de piel muy café. Vini, como le gusta que le digan, vive en la pieza inmediatamente al lado de la mía, ambos compartimos el primer piso (segundo para Chile). Arriba, en el segundo piso, en la pieza más chica, vive John, el tímido. Nacido en Reading, a unos 80 km de Londres, diseñador gráfico trabaja en la empresa del hermano, se mueve sólo en bicicleta, es muy rubio, alto, de párpados en expresión de tristeza, pero que lejos de parecerlo, denotan bondad y risa fácil. Por último, su vecino, el de arriba mío, en una pieza con baño en suite, es Anthony, el nervioso. También inglés, estudió algo así como auditoría y finanzas en Cambridge. Si bien por su aspecto físico no lo parece, es el más típico inglés. Más alto que yo pero menos que John, es de piel blanca pero de pelo casi negro. Viste muy elegante y cada vez que termina una frase lanza un par de carcajadas. Al principio pensaba que no entendía sus bromas, después me percaté que es una muletilla compensatoria. No ha sido fácil comunicarme con ellos. Entre su acento british en extremo -pero no el de la BBC, el londinense- y la velocidad de la conversación suelo perderme. Al final del día me lo recuerda un leve dolor de cabeza producto del esfuerzo y la concentración que requiere mantenerse adentro. También me lo recuerda esta permanente prueba a la humildad de estar todo el tiempo en una condición disminuida ante el resto. Nunca pensé que sería así sufrir esta suerte de analfabetismo comunicacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer lunes a clases. Estoy a media hora de puerta a puerta vía Tube. Y no son más de 10 minutos el trayecto en metro propiamente tal. Esta universidad es increíble. Tengo acceso a todos los edificios de esta tremenda cuadra por medio de mi ID card, tengo wireless en todo este diámetro, todos mis apuntes están en Internet y los que no en una preciosa y extraordinaria biblioteca, desde donde ahora escribo. Ética Pública, unos de mis electivos, fue el primer ramo con que debuté. Me gasté la clase tratando de seguir al profe desgarbado, ese del discurso y los calzoncillos, y cuando lo lograba, me perdía con las numerosas intervenciones de mis compañeros. Quise pero no me atreví a intervenir. Eso me quedó dando vueltas. Se lo comenté a Carmen en la tarde cuando fuimos por una sopa del día. Su oficina de la U queda a metros de mis salas de clases. Sin embargo hoy, después de la clase de Relaciones Internacionales, hubo un seminario, con la mitad de los estudiantes. Había leído muy bien una de las lecturas recomendadas. En total su estudio me había tomado alrededor de 5 horas muy concentrado. Tuve que optar por una ya que no alcanzo a leer todo si en comparación me demanda más tiempo que a los otros. El seminario consistía en comentar las lecturas, y el profesor, como de mi edad, sólo hacía preguntas y guiaba la conversación. La sala tenía forma de U y yo me encontraba en la parte de abajo al frente del profesor hacia su derecha. Aunque me perdía permanentemente sabía bien de que estábamos hablando y no me aguanté y me tiré a la piscina. Y como si fuera poco opiné dos veces con algunos retrucos del profesor. No sé si habré dicho lo más inteligente o lo más apropiado, pero me sentí bien exponiendo mis ideas, buena o malas (no sé) pero mías como canta Lerner.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de venirme a la biblioteca me topé con un cóctel en el hall de entrada, así que nuevamente me aproveché de mi condición y me comí una buena porción de aceitunas, almendras peladas (así se usa al parecer) y un vaso de agua. Desistí del vino, algo de pudor aún me queda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las 10:23. Me sonríe un funcionario de la biblioteca que anda inspeccionando cuántos aún quedamos. Afuera, a través de una ventana con forma de arco se trasluce sutilmente la fina lluvia que no ha cesado de caer desde ayer. El domingo hizo mucho calor, ayer y hoy no tanto, sin embargo llueve. Es otro aspecto más que comienzo a entender de a poco, como a mis compañeros, como a cada uno de estos seres humanos que la vida me ha puesto al frente. Mientras tanto  escucho “Plegaria para el alma de Layla” de Pedro Aznar y el invierno asoma su cara avisando que ha llegado para quedarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-1371944789757038700?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/1371944789757038700/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/10/22061009.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/1371944789757038700'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/1371944789757038700'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/10/22061009.html' title='22.06.10.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-4099412354373402009</id><published>2009-09-30T04:36:00.005+01:00</published><updated>2009-09-30T18:31:23.762+01:00</updated><title type='text'>15.29.09.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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Semana de inducción en &lt;st1:personname productid="la U. Semana" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la U." st="on"&gt;la   U.&lt;/st1:personname&gt; Semana&lt;/st1:personname&gt; de mudanza. Semana de inicio.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Ayer lunes tenía una actividad de sólo media hora en UCL. El departamento de ciencia política entregaba el material de inducción a todos sus estudiantes de postgrado. Como tenía tiempo, me fui a leerlo minuciosamente a un Café muy agradable que pertenece a una librería cerca del &lt;i style=""&gt;British Museum&lt;/i&gt; y por lo tanto de UCL. Estuve hasta pasado la hora de almuerzo, así que primero, a media mañana, tomé una tetera de té negro con botones de rosas y luego, con el hambre, una sopa de papas y puerros, deliciosa, acompañada de unas tostadas con aceite de oliva y trozos de tomate deshidratado. Mientras leía concienzudamente se sentaron en la mesa del lado una señora que leyó el &lt;i style=""&gt;Guardian&lt;/i&gt; y comió un brownie. Un tipo en sus 40 que estaba empezando 2666 de Bolaño. Y al final tres aparentemente docentes que discutían sobre economía y política en Asia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} h3 	{mso-margin-top-alt:auto; 	margin-right:0cm; 	mso-margin-bottom-alt:auto; 	margin-left:0cm; 	mso-pagination:widow-orphan; 	mso-outline-level:3; 	font-size:13.5pt; 	font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Caminé de vuelta hasta la parada de Euston donde tomo el bus 73 que pasa por la casa. Me senté en la primera fila del segundo piso a observar, desde el privilegio de esa perspectiva, la forma en que está organizada esta ciudad. En Sudamérica estamos acostumbrados al ordenamiento en cuadras, pero aquí, esta ciudad medieval, es un conjunto de pequeños pueblos reunidos y sus calles no responden a ninguna lógica. Sin embargo, me gusta el encanto que le confieren esas puntas de diamante o aquellas conjunciones de hasta 5 calles. Si bien me ha tocado sufrir en carne propia esta forma ilógica de ordenamiento, por ejemplo, cómo están numeradas las direcciones de las casas en una calle, su arquitectura, las puertas de color negro, azul o rojo, el ladrillo a la vista y casi siempre amarillento, le dan un charm muy especial. Afortunadamente las pares e impares están en veredas separadas, pero lo que no hay posibilidad alguna es que la numeración de una vereda coincida en secuencia con la de la vereda del frente. Es decir, puedo estar en el 4 y al frente haber un 103. Además, puedes encontrar &lt;i style=""&gt;Elm Street, Elm Road, Avenium, Grove, Terrace, Mews, Way, etc.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Llegué a la casa y después de una tarde bien conversada con Carmen, revisando, entre otras cosas, los ramos electivos que podría tomar, me preparé para ir a una reunión con la dueña de la casa (&lt;i style=""&gt;landlord&lt;/i&gt;). Llegué puntual, ella un par de minutos después y pidiendo disculpas. Es una señora muy agradable, de aquellas que te miran profundamente cuando le hablas. Le mostré mis antecedentes y ella la copia del contrato que tendremos que firmar los 4 &lt;i style=""&gt;tenants&lt;/i&gt; juntos (arrendatarios de piezas). Mientras, su marido e hijo, instalaban mi cama, colchón, sillón, clóset y cajonera. Creo que le causé buena impresión porque la sentí que fue relajándose hacia final. Es muy preocupada. Me preguntó todo el tiempo si necesitaba algo más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Finalmente, ese día había acordado con otra becaria juntarnos un rato. A Alejandra la había conocido durante el desagradable proceso de tramitación de la visa, pero sólo por email. Acá habíamos hablado sólo por fono. Ella vive en un &lt;i style=""&gt;flat&lt;/i&gt; (departamento) que pertenece a UCL. Es para dos personas, ella y su marido, pero él llega en diciembre. Nos juntamos a cenar en su casa y se sumó una actriz recién egresada de &lt;st1:personname productid="la UC" st="on"&gt;la UC&lt;/st1:personname&gt; que vive en el mismo edificio. Ambas muy simpáticas. Nos quedamos hasta tarde conversando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Hoy día amanecí resfriado y tenía que ir a &lt;st1:personname productid="la U" st="on"&gt;la U&lt;/st1:personname&gt; a una inducción en temas administrativos. En realidad fue lo mismo que había leído el día anterior. Me quedé atrás del auditórium y pude observar a todos los alumnos del departamento y claramente debo ser el más viejo, además de que ellos lucen mucho menor de lo que esperaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Me vine temprano a la casa para cuidarme. Lavé mi ropa, escribí, leí, busqué información en Internet y descansé. Esperamos a Max para cenar, Carmen había preparado un plato marroquí. Cenamos, vimos &lt;st1:personname productid="la BBC" st="on"&gt;la BBC&lt;/st1:personname&gt; donde destacaban el discurso de Gordon Brown. Ahora me vine a la cama, estoy cansado. Mañana es la matrícula, voy por mi tarjeta de débito al banco Abbey finalmente, y por la noche firmo el contrato de la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Creo que con estas líneas comienza a cerrarse el prólogo de mi paso por esta isla. El cierre de etapas de instalación y la búsqueda de las hebras que manejarán mi destino ya están &lt;i style=""&gt;ad portas. &lt;/i&gt;Copio el texto en el blog, cierro el laptop y apago la luz.&lt;/span&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;o:smarttagtype namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="PersonName"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt; 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Este árbol es una esquina. Una esquina para el encuentro.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;o:smarttagtype namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="PersonName"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"&gt;&lt;/object&gt; &lt;style&gt; st1\:*{behavior:url(#ieooui) } &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} h3 	{mso-margin-top-alt:auto; 	margin-right:0cm; 	mso-margin-bottom-alt:auto; 	margin-left:0cm; 	mso-pagination:widow-orphan; 	mso-outline-level:3; 	font-size:13.5pt; 	font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;TENGO PIEZA! Me decidí por la tercera opción, es la que más me gustaba, especialmente porque siempre sentí que ese sería mi hogar. Y como diría Maurito, el universo así lo quiso, el indio de la primera opción no me eligió y el persa de ésta, sí lo hizo. Estoy muy contento porque el barrio me parece interesante, me gusta la onda de la casa y porque ya puedo por fin establecerme. Me llama la atención lo tranquilo que me he quedado después del llamado de Vinay, mi nuevo room mate. Les conté a Carmen y Max y estaban muy contentos por mí. Este fin de semana lo pasaremos juntos –dijeron- por lo que empezamos a hacer planes desde el jueves.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Sin embargo, toda esta semana ha sucedido algo inesperado. Mucha gente me ha contactado con amigos o amigas que viven aquí o que se vienen con la misma beca que yo. De este modo, me he juntado a cafecitos, juguitos, chelitas con varios chilenos que andan en pasos similares a los míos. En realidad, hasta ahora han sido sólo mujeres, lo que no deja de agregarle interés a la situación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Por ejemplo, el domingo pasado conocí a Trini, una actriz que se está preparando para entrar a la prestigiosa escuela de drama de Londres, necesita hablar muy bien inglés por lo que mientras trabaja en &lt;i style=""&gt;Top Shop&lt;/i&gt; (muy cool) estudia para ello. Nos comimos sólo unos &lt;i style=""&gt;starter&lt;/i&gt; (los recursos son escasos) pero bien deliciosos, en una mesa en la calle pero escuchando una banda de jazz bastante buena. Se usa que los domingos en la tarde haya música en vivo en la mayoría de los &lt;i style=""&gt;lounge&lt;/i&gt; y pub. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;El jueves recibí una llamada urgente de otra becaria, Bárbara, una arquitecto muy intensa que andaba buscando pieza desesperadamente al igual que yo. La acompañé en una caminata muy agradable por un barrio que me encanta llamado Highbury, muy cerca del estadio del Arsenal FC y relativamente cerca de la casa de mis amigos y de la ahora mía también. A la vuelta me vine solo, caminando relajado, hacía hora para visitar una pieza que estaba previamente agendada, y pasé a un Café a comer algo ya que había almorzado algo muy liviano. Me encantó la onda del lugar, similar a una cafecito regalón en mi barrio de Stgo., ahí en Huérfanos casi esquina Brasil. Y lo mejor de todo es que había &lt;i style=""&gt;wire less&lt;/i&gt; gratis y servían una tentadora sopita de zapallo. Le pido la &lt;i style=""&gt;password&lt;/i&gt; a la chica que atendía y le llama la atención que mi laptop estuviera en castellano. Comenzamos a conversar rápidamente de una manera muy cordial, se le sumó su hermana que también trabajaba ahí y había además un amigo de ambas que estaba en la cocina. Cuando le cuento que estudiaría en UCL ella me dice –qué coincidencia, mi amigo también. Y lo llama a viva voz. Éste sale raudo y apenas me ve me empieza a hablar en una lengua extraña y de un modo extremadamente familiar. Antes siquiera de poner cara de desconcierto, las dos chicas estallaron en risotadas. Confirmado. Tengo una inconfundible cara de turco. En realidad eran curdos y cuando salió ese tema, sus caras cambiaron dramáticamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Y este viernes me junté con Paula, una socióloga que hace su doctorado en criminología, amiga de unos ex jefes. Ella me ofreció mostrarme un jazz club al sur de Londres, en un barrio no muy bueno y bastante apartado. De hecho tardé más de una hora en regresar a mi casa. El lugar es total. Se llama The Crypt, y es una cripta de iglesia, o sea el subterráneo, adaptado para conciertos y espectáculos con absoluta autorización de la dirección de &lt;st1:personname productid="la Iglesia. Fue" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Iglesia." st="on"&gt;la Iglesia.&lt;/st1:personname&gt; Fue&lt;/st1:personname&gt; muy gracioso entrar y que el probablemente sacristán te saludara en la puerta. Ahí escuchamos a un &lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;saxofonista &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;italiano  con una banda que hubiera asegurado cultivaban la fusión sino fuera por una interpretación sublime del “Love theme” de Ennio Morricone. También comimos y tomamos vino chileno a precios definitivamente sacados de otra ciudad. Es el lugar preciso donde me gustaría llevar a mi amigo Octavio cuando venga de visita desde Belfast.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Ayer sábado fue muy especial. Diría que ha sido el mejor día hasta ahora. Estaba muy veraniego. En realidad no ha hecho mucho frío y ya se me acabaron las poleras limpias. Con Max y Carmen tomamos desayuno relajados, más o menos lo de siempre, cereal, leche de soya, jugo de naranja, un rico té &lt;i style=""&gt;earl grey&lt;/i&gt; o &lt;i style=""&gt;english breakfast&lt;/i&gt; más unas tostadas. La idea era caminar. Fuimos al &lt;i style=""&gt;London Fields&lt;/i&gt;, un parque muy hippie, atestado de grupos de jóvenes tomando sol, haciendo pic-nic o durmiendo, muy cerca entre ellos pero respetuosamente separados cada uno en lo suyo. Saliendo de ese parque está el &lt;i style=""&gt;Broadway Market&lt;/i&gt;, una típica y encantadora feria donde venden frutas y verduras, comida para servir, ropa de segunda mano y otros cachureos. Hay sillas de playa para tenderse, numerosos restaurantes y el infaltable cantante callejero. En este caso había una versión moderna de Bob Dilan, bien interesante, tenía una similitud con Damian Rice. Comimos algo y caminamos de vuelta por el &lt;i style=""&gt;Regent Canal&lt;/i&gt; entre familias que paseaban en bicicleta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Había que prepararse ya que Giuseppe, el mismo italiano que conocí hace tras años junto a Carmen, había propuesto ir al teatro. Menuda prueba para mí pero no &lt;i style=""&gt;arrugué&lt;/i&gt;. Vimos “Madre Coraje y sus niños” de Bertolt Brecht. Maravillosa y cruda puesta en escena de una de las joyitas del dramaturgo alemán. Increíble actuación, impresionante producción con aproximadamente 30 actores en escena, músicos en vivo (un muy destacable y desconocido para mí Duke Special) y un montaje &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;millonario que más parecía una ópera que una obra propiamente tal. Estábamos con los chicos en la última fila de unas – por lo bajo – mil butacas todas ocupadas. Las tres horas me dejaron agotado. Una innecesaria razón para ir por unas &lt;i style=""&gt;pint&lt;/i&gt; (pinta, aprox. medio litro). Se armó un grupo con Giuseppe y su hermosa novia Afia, alemana y de familia nacida en Ghana, que también venían del National Theatre. En el pub nos esperaba otro italiano, también siciliano y también llamado Giuseppe más su novia Katia. Recorrimos tres pub, donde nos reencontramos, nos reconocimos y pasamos un momento muy agradable. Sentí todo el tiempo que ellos podrían ser perfectamente mis nuevos amigos en estas tierras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;El domingo fue de despertar tranquilo. Carmen buscó un sitio ideal donde yo pudiera hacer efectiva mi invitación a otra tradición dominical, el &lt;i style=""&gt;Sunday Roast&lt;/i&gt;, que no es otra cosa que ir a un almuerzo largo, al aire libre en esta época y comer carne horneada. Fuimos al Talbot, un pub del barrio, caminando, y Carmen tomó fotos durante el trayecto. Los chicos se inclinaron por la carne, yo me deleité con un risotto de champiñones. Ahí brindamos con vino californiano y les agradecí profundamente la tamaña muestra de amistad que habían tenido conmigo durante estos días de arribo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;  &lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 153); font-weight: normal;font-family:Verdana;font-size:12;"  &gt;Ahora escribo estas líneas, ya termino por hoy, me preparo para salir a trotar bajo la luz más hermosa pero más corta del día, la del atardecer. Ahí siguen esas aves, probablemente no estén cuando llegue. No importa, llegarán otras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-3347972180941040345?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/3347972180941040345/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/13270909.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/3347972180941040345'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/3347972180941040345'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/13270909.html' title='13.27.09.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-1477220122365459153</id><published>2009-09-27T22:43:00.003+01:00</published><updated>2009-09-27T23:35:20.281+01:00</updated><title type='text'>9.23.09.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C03%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);font-family:Verdana;"  lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);font-family:Verdana;"  lang="ES-CO"&gt;Retomé mis correrías. Trote urbano por los barrios de Islington y Hackney. Los parques sembrados como flores en todo Londres y los cuervos rondando el paso de la poesía.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Tengo tres opciones, al fin. Una pieza en un departamento que compartiría solo con un indio, que es el dueño. Ubicado relativamente cerca de la casa de Carmen y Max, en un edificio refaccionado al estilo de un loft sin serlo. La segunda, una casa extremadamente grande, dos cocinas, cuatro baños, ocho &lt;span style="font-style: italic;"&gt;room mates&lt;/span&gt;, un patio que es una cancha de fútbol, un living comedor de unos 100 mt2, tres pisos y mi eventual pieza con dos camas, dos escritorios, clóset, etc. Esta suerte de quinta está ubicada en las afueras de Londres, a 11 minutos en el tren rápido. Pareciera ser algo así como Buin respecto de Stgo. Y la tercera opción, una pieza bastante grande, cama doble, chimenea (sin uso) y la posibilidad de tener hasta un futón con mesa de centro. El barrio es al norte de Londres, en Archway, Islington. Al lado de un parque y con locomoción directa a la universidad. Me mostró el cuarto un arquitecto persa (iraní) que vive hace dos años en Londres y con quien siento hicimos una muy buena conexión. Esa casa tiene para cuatro &lt;span style="font-style: italic;"&gt;room mates&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Después de mucho pensar, pedir opiniones y escuchar al cuerpo, desecho la segunda opción. Era espectacular pero no era Londres. Les escribo a las dos opciones restantes que me consideren ya que ellos reciben muchos interesados. Y a esperar, aunque no puedo parar de buscar nuevas alternativas por si las dos elegidas por mí finalmente fallaran.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Ese día en la noche había una nueva actividad. Cenamos los tres antes de salir. Carmen, que es una experta cocinera, hizo unos platillos indios, que a esta altura se están transformando en mis favoritos. Hicimos tiempo para que unos amigos chilenos de ella salieran del teatro, asistirían a una más de las quién sabe cuántas funciones llevan Los miserables en alrededor de 25 años en cartelera. Él es médico oncólogo que anda de vacaciones, y ella, su ex cuñada, una estudiante de master en Australia y que coincidió en Londres por un viaje de estudio que organizó su universidad. Nos fuimos a un boliche en un subterráneo que se especializaba en música de los 60, 70 y 80. Que buena –pensé. Perfect for me – dije.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Después de unas buenas rondas de coronas, la evolución normal de este tipo de procesos, nos llevó de la conversación sobre temas de trabajo y estudios, a la conversación sobre la vida, y al poco tiempo después a bailar unos temas de The Who, Led Zepellin y The Beatles. A cierta hora nos llegó la cordura y nos fuimos para la casa pero antes pasamos a dejar a cada uno de los invitados, pero caminando. Fue una odisea cruzar todo el centro de Londres pero también fue una oportunidad más para hablar y fortalecer la amistad, como asimismo, para empaparse de esta ciudad que se me hace cada vez más familiar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Siento, pienso y escribo. En Londres todo funciona lo suficientemente bien para sentirse cómodo y todo no funciona lo suficiente bien para transformarse siempre en el tema de conversación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-1477220122365459153?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/1477220122365459153/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/9230909.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/1477220122365459153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/1477220122365459153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/9230909.html' title='9.23.09.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-5173063869690973220</id><published>2009-09-27T22:19:00.005+01:00</published><updated>2009-09-27T22:42:29.981+01:00</updated><title type='text'>8.22.09.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C03%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);font-family:Verdana;"  lang="ES-CO"&gt;Union Chapel, erigida en 1897. El clero de la época jamás hubiera imaginado que en su nave central habría un escenario donde artistas desplegarían su arte bárbaro y pagano para el placer de una audiencia londinense.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Hoy fue otro día más de búsqueda infructuosa de rooms.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Hacia el sur del Thames, al oeste o al este, cerca de Camden Market, a pasos de King’s Cross, con vista al Regent Canal. Sólo debes tomar el underground, hacer un par de conexiones, ojo con los desvíos por arreglo de fin de semana, especialmente en Jubilee line o en  Bakerloo line. Es más barato si tomas el overground o haces una conexión con los buses. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Llevo una semana y aún no encuentro donde vivir. Me tiene cansado la rutina de buscar piezas en internet, luego buscar en el mapa cuán lejos o a contramano queda respecto de la universidad, de ahí contactarse por email o fono con el contacto y agendar una visita, después volver al mapa para estudiar la mejor forma de llegar, y lo más complejo, dar con la dirección, y puntual. Hasta ahora, o son muy pequeños, la ubicación no es la adecuada, o muy caro si se incluyen las cuentas, etc.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;No quiero abusar de la hospitalidad de Carmen y Max. Resiento y reflexiono sobre lo fundamental que es tener un lugar. Un hogar, con mis cosas, pero por sobre todo con mi energía, mi olor y las trazas de existencia que van quedando depositadas en sus rincones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;&lt;br /&gt;Como algo en el centro de alumnos de pregrado de UCL, mi universidad. Encontré jugo de naranja natural, marca Tropicana, y un sándwich en pan baguette. Había programado visitar el campus central en busca de unas cartas que me había solicitado el banco y aprovechar de hacer una serie de consultas en la oficina de alumnos internacionales y también en el departamento de ciencias sociales, al que corresponde mi Master. Quedé impresionado con lo inmenso de cada una de las dependencias y con la cantidad de terreno que abarca todas las unidades de UCL a lo largo y ancho del Bloomsbury, el barrio donde se encuentra. Toda la gente fue muy amable pero de manera unánime y en un estilo muy british me invitaron a considerar que dejara de lado mis preguntas, que esperara la semana de inducción que tenía ese propósito y que disfrutara Londres – &lt;span style="font-style: italic;"&gt;enjoy London!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Entre risa y desconcierto recibo una llamada de Carmen al celular que ella misma me prestó. Le había cargado 10 pounds en Tesco (una cadena de supermercado). Me propone sumarme a un grupo que iría a un concierto de Diego El Cigala. Fantástico dije yo, además estaba barato. Conocía al Cigala por su famoso disco con el Bebo. Quedamos de juntarnos en la puerta de la &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Union Chapel&lt;/span&gt;, una iglesia que está a cuadras de la casa de Carmen y Max. Cuando entramos quedé impresionado con la belleza de la iglesia, dispuesta de modo tal que  el escenario se encontraba rodeado de un semicírculo de bancas, las originales. La luminosidad era extasiante. La justa para admirar los vitrales y la arquitectura interior de ese monumento. Había un pianista, un contrabajo, un percusionista y un guitarrista (guitarra española). El Cigala entró al segundo tema con un &lt;span style="font-style: italic;"&gt;look&lt;/span&gt; increíble. Tan especialmente formal que ni la barba, el pelo largo y los numerosos anillos lograron contrarrestarla. Aunque a mí me gusta más como cantor de flamenco dedicó la gran parte de su concierto a los boleros y sones cubanos. Sin embargo, fue un deleite dejarse llevar por la potencia y sensibilidad de esa voz pastosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Al final el grupo se había reducido a Max, Carmen, Alan, un amigo colombiano de ellos, y yo. Como corresponde nos fuimos de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;pint&lt;/span&gt;, unas tres rondas por cabeza, conversamos y reímos a la vera de la barra del &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;The Library&lt;/span&gt;, al frente de la capilla, en Upper Street. Fue un muy buen momento para relajarse y por sobre todo para conocer a Max en una faceta distinta. Mi amiga Gaby siempre me aseguró que la mejor manera de conseguir la confianza de otro era irse de copas. En este caso, yo quería conocer al esposo de Carmen. ¿Quién era ese hombre generoso que me acepta en su casa sin conocerme prácticamente nada? Y así fue, conversamos ahora mucho más relajado que las noches anteriores en su casa. Max es un profesional exitoso, de padre estadounidense y madre francesa, se crió en Paris, estudio en US y conoció a Carmen en un intercambio que hizo en Chile. Trabaja para una firma relacionada con el sector financiero en la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;city&lt;/span&gt;, pero más allá de todo eso, es una persona correcta, agudo, inteligente y de un muy buen humor. De la conversa pasamos a las tallas y de ahí pasamos a la imperiosa necesidad de apaciguar el bajón de hambre con un &lt;span style="font-style: italic;"&gt;kebab&lt;/span&gt; turco súper &lt;span style="font-style: italic;"&gt;large&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Ya en mi cama futón, me hago consciente que hoy (o ayer) martes cumplía una semana en Londres. Cumple semana que parece un año. Un año que parece una vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-5173063869690973220?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/5173063869690973220/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/8220909.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/5173063869690973220'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/5173063869690973220'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/8220909.html' title='8.22.09.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-7065491309848319036</id><published>2009-09-27T13:35:00.006+01:00</published><updated>2009-09-27T18:35:43.825+01:00</updated><title type='text'>4.18.09.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C03%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);font-family:Verdana;"  lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);font-family:Verdana;"  lang="ES-CO"&gt;Mi amiga Carmen y mi nuevo amigo Max, su esposo, se van a Montreal Canadá por el fin de semana. Me quedo solo en su maravilloso flat. Me quedo solo en este my first weekend in London.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: georgia;" rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;o:smarttagtype style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: georgia;" namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="metricconverter"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;o:smarttagtype style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: georgia;" namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="PersonName"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"&gt;&lt;/object&gt; &lt;style&gt; st1\:*{behavior:url(#ieooui) } &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:35.4pt; 	mso-footer-margin:35.4pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 153); font-family: georgia;"&gt;Nunca he sido un entusiasta de las fiestas patrias, pero reconozco que siempre es una buena ocasión para compartir con amigos o aprovechar los cada vez más preciados días feriados. Mi amiga Pauli del puerto me contó que para ella el 18 es más importante que &lt;st1:personname productid="la Navidad" st="on"&gt;la Navidad&lt;/st1:personname&gt; o el Año nuevo, ya que en esta fiesta no hay más sentido que la pura celebración en familia; para algunos –esto lo agrego yo- dos de las raíces fundamentales de nuestro pueblo. En mi caso pocas veces fue así. No me gusta mucho el &lt;i&gt;chauvinismo&lt;/i&gt; al que suele caerse, no me gusta demasiado el folklore chileno, me aburren las fondas y me carga la parada militar. En realidad, estos últimos años habían sido el período perfecto para descansar en &lt;st1:personname productid="La Isla" st="on"&gt;&lt;b&gt;La  Isla&lt;/b&gt;&lt;/st1:personname&gt; de Villarrica. Hoy, sin embargo, me encuentro frente al laptop, escribiendo y evocando Londres, desde el interior de una de sus casas victorianas pero con la perspectiva de Chile, que rescato de mi memoria emotiva en esta fecha especial.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 153); font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Hoy, antes de sentarme a escribir estas líneas, caminaba de la estación Angel (Northern line) a casa de Carmen y Max después de ver una de las tantas piezas que ofrecen para compartir y que busco denodadamente para depositar mis huesos y su cansancio durante mi estadía en Londres. Ya reconozco los negocios locales. Me gusta pasar por uno que es más pequeño y que lo atiende una india hermosa, de esas bellezas inconscientes, y que tiene afuera hacia la vereda, unas mesas con numerosas fuentes que ofrecen frutas y verduras de la estación. Plátanos, pepinos, apios, repollos, cebollines, tomates, uvas de varios colores, pomelos rosados, papas, paltas bebés, lechugas y otra variedad de verduras que no conozco y que empiezo a aprender sus nombres en inglés. Se ve linda esa multiplicidad de colores y formas, relacionándose entre sí, en una composición perfecta, conformando una naturaleza muerta que está más viva que nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo pensando mientras camino y escucho a Ravel en el I Pod. Concluyo, por supuesto, así es Londres. Así me gusta. Cuanta variedad de etnias, formas de cara y color de piel; cuanta religión y credo que se expresa desde el &lt;i&gt;hiyab&lt;/i&gt; de las musulmanas o el &lt;i&gt;sari&lt;/i&gt; de las hindú hasta la vestimenta común y corriente de los londinenses. Entendiendo ese “común y corriente” de los ingleses, como un nunca descuidado estilo que se encargan de cultivar y diferenciar. Los hombres de oficina muy bien terneados y encorbatados y las mujeres siempre de tacones por sobre los &lt;st1:metricconverter productid="5 cm" st="on"&gt;5 cm&lt;/st1:metricconverter&gt;, mini faldas extremas (o en su defecto short pants) y cuidadosamente bien maquilladas y peinadas. Pues claro que está la vertiente más hippie, la deportiva, la de montaña y la que quieran imaginar. Realmente es entretenido tomar tribuna en un café mirando hacia la calle y ver lo variopinto de la gente inglesa, o mejor dicho del habitante de Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero como es consustancial a mí, mi fijación son ellas, las observo y analizo, preponderan los colores pastel, los rosones u otro tipo de accesorio, sí, bastante conejita style. Todos los días, sin importar la temperatura ambiente, es una buena oportunidad para ir al club y/o al pub en tenidas mínimas que "te la encargo" para una fiesta de gala, sea de cumpleaños de quince o un matrimonio. Así y todo, no se ven mal, quizás al ser muy propio, lucen auténticas. Las asiáticas, delgadas y menudas, muy escotadas y de vestido corto, al menos las aparentemente japonesas y coreanas respecto de las chinas. La belleza impactante de la europea oriental, con esas caras blancas como el frío de sus tierras y siempre un leve matiz de tristeza en sus rostros. Las afroamericanas (por decirle de algún modo polite pero que asumo son fundamentalmente de origen africano) con su exhuberancia corporal y gestual, hablan fuerte mientras sus movimientos son gruesos y decididos, usualmente lucen con desparpajo esa maravillosa piel de ébano. Pero mis favoritas hasta ahora son las indias. Su color de piel y el pelo inconcebiblemente negro enmarcan esa cara donde no hay nada que compita con esos ojos negros, delineados, grandes, profundos y de pestañas abrazadoras. Sus rostros, algunos angulosos, siempre denotan una cuota de dulzura retenida a punto de escaparse.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 153); font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Voy llegando a la casa pero antes se me cruza un zorro, corriendo atraviesa la calle, y antes de esconderse, gira la cabeza, se detiene y aparentemente se me queda mirando por un rato excesivamente largo. Sí - le digo- lo sé, yo soy uno más que engruesa la fauna londinense.&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-size:10;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 153); font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-7065491309848319036?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/7065491309848319036/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/4180909.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/7065491309848319036'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/7065491309848319036'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/4180909.html' title='4.18.09.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-846960335433915740</id><published>2009-09-25T01:17:00.002+01:00</published><updated>2009-09-25T01:22:45.932+01:00</updated><title type='text'>2.15.09.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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 &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;Nunca se sabe como aparecerán en tu vida las huellas de tus pasos por la de otros y por esos lugares que fueron el escenario del encuentro. Hace prácticamente tres años conocí a Carmen en el &lt;i style=""&gt;Museum Tavern&lt;/i&gt;, un clásico &lt;i style=""&gt;pub&lt;/i&gt; londinense al frente del &lt;i style=""&gt;British Museum&lt;/i&gt;, de ahí la obviedad del nombre. Después de haber recorrido los salones y pasillos de ese gigantesco edificio, venía muy bien refrescarse con una &lt;i style=""&gt;pint of Guinness&lt;/i&gt;. En la barra –ya ni recuerdo cómo – conocí a un italiano, Giuseppe, que como buen siciliano no tardó mucho en invitarme a su mesa, ya que allí, entre otras promesas atrayentes, me presentaría a una compatriota. Ahí estaba Carmen, de aspecto un poco duro al comienzo pero muy amable y acogedora al poco andar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;Me gustó participar de esa mesa con gente tan amistosa e interesante. Todos estábamos enamorados de Londres. Había sí una gran diferencia. Ellos llevaban mucho tiempo viviendo, estudiando y trabajando ahí, por lo que podríamos señalar que se trataba más bien de un amor maduro, con aceptación de altos y bajos y con la certeza de lo consolidado a partir de quizás cuanto ensayo y error. Yo, por mi parte, recién empezaba el coqueteo, el enamoramiento de cada una de esas parciales e insuficientes cosas que hacen ligarse tan patológicamente a lo “enamorado”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;Con Carmen tuvimos un capítulo aparte. Hablamos en chileno un buen rato y pude conocer un resumen de su historia. Había vivido muy poco tiempo en Chile. Se había criado en Suiza hasta la adolescencia y había vivido en &lt;i style=""&gt;New &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;York&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt; antes de hacer sus estudios de postgrado en UK, &lt;i style=""&gt;Brighton&lt;/i&gt; y Londres respectivamente. Pensé que era hija de exiliados pero no era así, Carmen era y es una asilada del mundo. No hay razones ni prácticas que la amarren a un territorio o una lengua. Ella disfruta compartir todos los cielos. Me pareció una mujer muy fuerte, decidida y con una manifiesta vocación política y académica. La conversación se movió de un extremo a otro hasta que llegó a su fin al poco tiempo después que tocaran la campana del último pedido al bar. Yo continué mi viaje y ella su vida en Londres. En ese momento se fundaba lo que hasta entonces nadie hubiera podido pronosticar sería una profunda y no-tradicional amistad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;Después de eso hubo solo correos esporádicos hasta este año cuando Carmen me cuenta que necesita continuar con su tesis de doctorado y que para eso va a Chile (en realidad iba a mucho más que eso). De esta forma volvimos a vernos después de todo ese tiempo. Conversamos como si el tiempo fuera solo un dato. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;El punto de encuentro fue una de las mesas de afuera del café literario de providencia, el del parque Balmaceda. Nos pusimos al día de los hechos y sueños que ocupaban nuestras vidas actuales. Los cinco meses siguientes, cada uno, a través de sus medios y maneras, acompañó al otro en esta parte del viaje. Ella me ayudó a mejorar mi inglés y yo le colaboré en algunos trámites de las entrevistas que debía hacer para su tesis. Pero fue más allá que una mutua colaboración. Le dimos forma a una amistad desinteresada pero útil para ambos desde una necesidad más esencial y superior que la simple funcionalidad. Se había constituido el esqueleto de lo que hace tres años se había engendrado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-family:Verdana;font-size:10;"   lang="ES-CO"&gt;Llevo un día en esta ciudad a la que profesé amor eterno en tiempos de enamoramiento. Volví y cumplí mi promesa. Sin embargo, esta señora bien me está pasando la cuenta, sino fuera por Carmen me tendría literalmente durmiendo a la intemperie. Ayer fue una buena noche, aún con algo de &lt;i style=""&gt;jet lag&lt;/i&gt; pero compartiendo un hogar en un departamento hermoso en Islington, al norte de Londres, cerca de Angel (no podía ser de otra forma). Mis primeros días en Londres la asilada del mundo recibe en su casa a uno que anda por las mismas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="" lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-846960335433915740?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/846960335433915740/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/2150909.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/846960335433915740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/846960335433915740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/2150909.html' title='2.15.09.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1985436561301122424.post-4239092518091339880</id><published>2009-09-19T22:48:00.000+01:00</published><updated>2009-09-20T00:36:01.072+01:00</updated><title type='text'>1.14.09.09</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;o:smarttagtype namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="metricconverter"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"&gt;&lt;/object&gt; &lt;style&gt; st1\:*{behavior:url(#ieooui) } &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Verdana; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:536871559 0 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:35.4pt; 	mso-footer-margin:35.4pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt;&lt;/style&gt;&lt;span  lang="ES-CO" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span  lang="ES-CO" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span  lang="ES-CO" style="font-family:Verdana;"&gt;A Londres desde Santiago, escala en Buenos Aires y Sao Paulo. En BAires hubo cambio de avión. De Lan Chile a British Airline. Buen servicio.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span  lang="ES-CO" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-CO" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;Fue mucho más duro de lo que pensaba. Sentí miedo. Caminaba por la larga fila hacia policía internacional, y en cada curva me enfrentaba a mis padres que alzaban y movían sus manos en señal de despedida, asomándose entre la gente apostada en la angosta entrada internacional del Arturo Merino Benítez. Ahí sentía como el miedo se apoderaba de mi pecho y hallaba lo que probablemente es el alma. Sentí miedo de perderlos, de no verlos más, de no vernos más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;Fue la primera vez que cuestioné el valor de la realización de este “sueño”. Cuanto había hecho por él, cuánta energía invertida, cuántos años con la intención puesta en este viaje. Y ahora pensaba si valía la pena a costa de la separación vital, de quienes, aún en la ausencia física y en la independencia emocional desde hace mucho, son mis padres. Es fuerte verbalizar en consciencia que fueron ellos, hoy despidiéndose de mí desde lugares distintos, separados, los que algún día como hoy me concibieron. Quizás con la esperanza, no tan específicamente desarrollada, que su primogénito emprendiera una aventura de este tipo. Ahora, esos generadores y escultores de mi vida, se veían cada vez más lejos, cada vez más impotentes ante el destino, cada vez más vulnerables al adiós.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;Es también la primera vez que siento que me voy. Cuantas veces viajé y partí a distintos destinos pero siempre con la certeza del regreso. Con la seguridad de una agenda que tenía un fin, aunque fuera no deseado, había una seguridad omnipotente del volver a casa. Es el cabo de un elástico que inevitablemente y pese a su extensión tenderá irrevocablemente a retornar a su punto de inicio. Esta vez no lo sé. No digo que sea algo definitivo (¡qué puede serlo!) pero intuyo que estoy entrando a un portal donde la vida me tiene preparada un nuevo caminar, que se desenvuelve en otro setting, fuera del país en que fortuitamente me tocó nacer y crecer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;Es la primera vez que pienso y siento en la fragilidad de la vida, incluso –y a esta altura no me parece extraño- ni siquiera cuando estuve enfermo de Cáncer fui tan consciente de ella, como arriba de ese tremendo avión volando a más de &lt;st1:metricconverter productid="10 km" st="on"&gt;10 km&lt;/st1:metricconverter&gt; de altitud y a casi &lt;st1:metricconverter productid="1000 km" st="on"&gt;1000 km&lt;/st1:metricconverter&gt; por hora de velocidad. Antes del periplo sobre ese Océano interminable, observo una luz mínima sobre la superficie, como una fogata, quién sabe qué es, a quién pertenece, de dónde es. Ahí hay una vida latiendo, esmerada en producir calor, sobreviviendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;Debo pensar en ser feliz –me digo. Aprender del desapego dirían mis amigos  más adelantados. Eso lo sé, también sé que duele, hoy más que nunca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:85%;"   lang="ES-CO"&gt;No es la primera vez que hubiera llorado, pero no pude, no tuve lágrimas para ese adiós. Fueron demasiadas &lt;span style="font-style: italic;"&gt;primeras veces&lt;/span&gt; que cayeron sobre mi cabeza y que llegaron hasta el corazón, había emociones no consideradas al acecho y fui sorprendido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span  lang="ES-CO" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1985436561301122424-4239092518091339880?l=viajenparacaidas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/feeds/4239092518091339880/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/1140909.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/4239092518091339880'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1985436561301122424/posts/default/4239092518091339880'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://viajenparacaidas.blogspot.com/2009/09/1140909.html' title='1.14.09.09'/><author><name>Juan Pablo Belair</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16340851070658251930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_Jk9D9G8LXQQ/SVhEECIRdqI/AAAAAAAAArI/NDi5c-OY_M0/S220/_MG_6918.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry></feed>
